Fue un empate con sabor a poco. Y esa sensación en el mundo canalla se explica a partir de distintos factores. Es que Central hizo un muy buen partido sin pelota en el que, a partir de la notable intensidad para recuperar, incomodó y controló los intentos ofensivos del rival. Una tarea defensiva casi sin fisuras. En ese “casi” se coló el gol de Newell’s, en el único remate neto al arco en todo el segundo tiempo. Por si fuera poco, ese gol llegó cuando ya se jugaba el adicional. Hizo méritos para ganar el clásico, y se lo empataron cuando ya parecía tema juzgado.
El partido defensivo de Central fue muy bueno, el concepto está planteado. Pero con la pelota en su poder, le costó generar situaciones claras. Más allá de que manejó el balón más tiempo, no le fue sencillo disponer de ocasiones. En una de las pocas que contó, Ávila capitalizó una indecisión defensiva rival para el 1 a 0.
Cuando se adueñaron de la pelota, los auriazules no encontraron la claridad para lastimar a Newell’s. Di María en modo “terrenal”, Campaz fuera de sintonía, intermitente Alan Rodríguez, inconexo Copetti, Central fue con más ganas que ideas.
Los zagueros centrales y el 5 de Central
Eso sí, lo hizo con el respaldo del gran rendimiento de sus marcadores centrales, Ávila y Ovando, que ganaron casi todos los duelos, y de sus dos volantes de marca, especialmente Ibarra, y Pizarro.
La diferencia de jerarquía de cada equipo estuvo a la vista. Pero esta vez, Central no pudo ni supo como trasladarlo al marcador. Y el fútbol se mide por resultados, no por merecimientos. Es cierto que estuvo arriba en el marcador, pero no consiguió cerrar el partido.
Y terminó pagando muy caro uno de los pocos errores que cometió en su defensa. Necesitaba sumar de a tres y se le escapó en el final, justo ante el clásico rival. También por todo esto, el empate frente a Newell’s dejó sabor a poco.