El cielo estaba amenazante. Los truenos iluminaban el horizonte. El viento parecía llevarse todo lo que encontraba a su paso. Así comenzó la noche en el Gigante de Arroyito. Como una especie de correlato meteorológico de lo que venía soportando el juvenil equipo canalla que arrastraba cinco presentaciones sin ganar y las dudas asomaban cada vez con más fuerza. Encima enfrente estaba un técnico como Américo Gallego que venía invicto contra los auriazules y su entonado Independiente llegaba con la chapa de banca . Pero la tormenta que amenazaba con desatarse nunca llegó a ser un aguacero torrencial. Y, en sintonía, el Rojo que parecía comerse los chicos crudos también terminó siendo un pobre diablo. Dentro de la cancha Central utilizó el viento a favor como aliado para comerle los talones al rival, capitalizó los relámpagos para iluminarse con algunos destellos de fútbol y las pocas gotas que regaron el césped fueron ideal para que algunos pibes guerreros que veían a los tumbos se despabilen y marquen presencia. Central desactivó la tormenta y desplegó la vela de la credibilidad para navegar hacia un puerto más seguro. l

































