Una firma en un contrato de alquiler y el reconocimiento fotográfico de varias
personas habían permitido a la policía identificar a uno de los presuntos ladrones que el 5 de
agosto pasado asaltaron un corralón de materiales de Junín al 6100, donde un empleado murió al
quedar en el fuego cruzado de la banda y un custodio. Tres días atrás los investigadores
advirtieron que el hombre que buscaban estaba internado en el Heca, con otra identidad, y
finalmente quedó preso.
El detenido por el violento golpe a la firma Laminex se llama Héctor Alberto L.
Tiene 23 años y estaba evadido de la Unidad 3, de Riccheri y Zeballos, donde cumplía una condena a
8 años de prisión por hechos de robo. Está internado en el Heca con custodia permanente, aunque los
investigadores evalúan trasladarlo al hospital Cullen de Santa Fe por razones de seguridad.
Está acusado de ser uno de los autores del asalto. Los médicos evaluaban ayer
someterlo a una cirugía por la fractura múltiple de fémur que sufrió el viernes pasado en un
accidente de moto. Lo indagarán cuando esté en condiciones de ser trasladado al juzgado de
Instrucción de Juan Andrés Donnola.
La pista que dirigió las sospechas hacia el muchacho surgió el mismo día del
robo a Laminex.
El incidente. Ese día, poco antes de las 14, una banda de hampones que portaban
armas largas y pistolas interceptó a un empleado cuando bajaba de un Corsa blanco frente a la
empresa. Llegaba de retirar una fuerte suma de dinero de la mutual Cameciar. Los ladrones le
robaron un maletín con el dinero. Se desató un tiroteo con el vigilador que acompañaba al muchacho
y una bala alcanzó en la espalda al portavalores, Gastón Luszczak, de 32 años, quien murió en el
acto. Los ladrones escaparon con un botín estimado entre 120 y 150 mil pesos.
Luego se determinó que el disparo letal partió del arma del vigilador Oscar J.,
de 43 años, quien fue indagado por el homicidio. No está preso porque se le reprocha haber actuado
con negligencia pero sin intención de matar a su compañero.
El auto y la pensión. Esa tarde, en un descampado situado entre Cristalería y
Nuevo Alberdi, la policía halló envuelto en llamas el Volkswagen Fox usado por los maleantes. A
cuatro cuadras de allí, en la habitación de una pensión de Grandoli al 2700, hallaron en una suerte
de aguantadero una pistola cromada calibre 12.70 marca Armscor que había sido usada en el hecho,
balas y el maletín arrebatado a Luszczak, vacío. Había papeles y documentos a nombre de Gastón.
Los vecinos contaron que el joven que habitaba en esa casa se había ido minutos
antes en una moto. "Vamos, apurate", le escucharon decir a alguien que lo acompañaba. Los
investigadores determinaron que esa habitación había sido alquilada un mes antes por un hombre que
se radicó allí con su concubina y un bebé.
A partir de ese hallazgo, en la sección Análisis Delictivo y en la Brigada de
Homicidios comenzaron a realizar tareas de inteligencia.
Por un lado, identificaron los prontuarios de personas implicadas en hechos
similares al golpe de Laminex. Allí advirtieron que uno de los sospechosos, Héctor Alberto L.,
tenía el mismo nombre de pila que el inquilino del aguantadero.
En el contrato de alquiler había brindado un apellido falso. Había mencionado un
domicilio previo que también era falso, pero los números coincidían con su verdadera dirección.
El inquilino. Ante esa sospecha, cuatro vecinos de la pensión fueron convocados
a realizar reconocimientos fotográficos. En un álbum de cincuenta fotos todos señalaron a L. como
el inquilino de la habitación allanada. Los efectivos también compararon la letra de L. que
figuraba en el prontuario con su firma en el contrato. El trazo resultó ser muy parecido.
El viernes pasado, un hombre que dijo llamarse Héctor Alberto Ojeda ingresó al
Heca con heridas múltiples. Cuando los policías fueron a chequear su identidad hablaron primero con
su hermana, quien sin vueltas dijo que su apellido era L. Pese a ello, el paciente siguió negando
su verdadera identidad hasta que fue confirmada mediante fichas dactiloscópicas.