A veces los remedos alcanzan y sobran; ya lo dice el dicho, a falta de pan buenas son las tortas. Pasa con innumerables cosas y llega hasta los lugares de entretenimiento. Sí, es eso, no es una diversión de locos que dispara adrenalina y carcajadas estridentes, es un gozo placentero, una alegría que alcanza a los cuarentones con los chicos que caminan por las galerías de un centro comercial estilo Paseo del Siglo, o el Alto Rosario (que salvó de la piqueta a las magníficas construcciones ferroviarias) acompañados de abuelos agradecidos con lo que les regala la vida. Hay luces, negocios, pisos brillantes, vendedores que simulan estar contentos, gente de seguridad luchando a brazo partido con el aburrimiento, tanto que se comunican a cada rato por intercomunicadores como si estuviesen dirigiendo el asalto a una trinchera enemiga, y gente, mucha gente que sigue un patrón cansino y uniforme en la caminata.






















