Nadie duda que el nuestro es un país plagado de vivillos, corruptos, trepadores y aventureros, principalmente en lo que atañe a la situación política y social. Simplemente una visión de los sueldos exorbitantes que se abonan a los representantes que han elegido los ciudadanos para que los representen, en las tres primeras franjas de conducción, comparándolos con los de cualquier trabajador, jubilado o miembro de alguna fuerza de seguridad en servicio o retirado, son como se aprecia a diario una verdadera vergüenza para un gobierno que se titula nacional y popular. La gente se ha dado cuenta hace rato como viene la mano; hablando en el léxico de la calle, percibe que cada día que pasa vive peor, y entonces han comenzado a encenderse todas las alarmas. La democracia, nadie lo duda, es el sistema de gobierno más equitativo generado por los hombres, pero siempre y cuando todos puedan opinar y se pongan en práctica las mejores ideas para afianzar el bien común. Ahora cuando usted observa que la inseguridad es similar a la que vio alguna vez en aquellas películas ligadas al Far West, los permanentes hechos de corrupción lastimosamente ya no asombran a nadie, la escalada inflacionaria fogoneada a través de la emisión de moneda, y las peleas mediáticas entre gobernantes y opositores, instauran un esquema más parecido al "conventillo de la Paloma", y no al país que usted desearía dejarle a sus hijos y nietos, porque se ha dado cuenta de que ha elegido a personas que no sabe bien si están en su sano juicio de acuerdo a su accionar. Entonces comienza a pensar qué está pasando aquí. Y estas son las alarmas que han comenzado a encenderse, porque usted ha comenzado a pensar, algo que resulta inconveniente al sistema.

































