Concurrí con mi hermano a la oficina de trámites del carné de conducir del Distrito Centro para que obtuviese su nueva licencia. Rescatando dos o tres empleados, podría decir que todos los demás involucrados a cargo del trámite nos ofrecieron un trato deplorable. Soy testigo que ante las preguntas educadas de mi hermano (reitero que es la primera vez que hace el trámite), obtuvo a cambio respuestas soberbias y arrogantes por parte de una encargada que lo trató como el "rey de España", típica reacción de persona que se vanagloria de su puesto. Cabe destacar que él, mi hermano, tuvo que entrar dos veces a la oficina de dicha señora, que no tuvo la consideración de escucharlo en un principio, y lo despachó de una oficina a otra. Además, ningún empleado que estuvo ahí presente intervino, lo que da cuenta que seguramente es una situación más entre tantas otras. Desde mi punto de vista, desde el punto de vista de una persona joven y en etapa de formación, pregunto, ¿no son acaso los adultos los que deberían darnos el buen ejemplo de la educación? ¿Qué enseñanza me deja particularmente este episodio? Aprendo que mientras sigan existiendo personas de tal clase seguiremos rodeados de mediocres que no se dignarán a aportar más nada a la educación.






























