La inseguridad pública es una perturbación propia de la era que el mundo actualmente está viviendo. En nuestro país se sufre a través de jóvenes y adultos desorientados y confusos que a no dudarlo han padecido una triste infancia y ahora son los que no respetan los derechos ajenos. En consecuencia, eso genera una amplia gama de sugerencias, muy oportunas por cierto, acerca de las medidas inmediatas necesarias para subsanar esos problemas, ya sea con vigilancia, control o castigo. Sin embargo, no se habla de proyectos realmente preventivos que intenten solucionar el problema de fondo, porque este tema no es considerado prioritario por parte de algunos, quizás porque no lo han considerado en profundidad. Lo realmente valedero y definitivo es brindar a los niños una adecuada educación desde temprana edad, encaminándolos a que aprendan a pensar, es decir, a discernir correctamente los hechos, cosas o ideas ayudándolos asimismo a despertar su sensibilidad y un profundo respeto hacia todo lo que le rodea. Así lo preconizan los más preclaros educadores que sostienen que la razón fundamental de la existencia es el perfeccionamiento de la estructura interior del hombre y el despertar de sus magníficas y positivas cualidades en todos los niveles. El sentir de un amplio y responsable sector del pueblo argentino es que el Estado adopte las medidas encaminadas a implantar un renovado plan educativo comenzando por una esmerada educación a nivel primario, lo cual será la base sobre la que se asentará el futuro de la Nación. El porvenir y la grandeza de los pueblos dependen de la calidad de la mente y el corazón de sus ciudadanos.

































