Gerardo Díaz Ferrán, ex presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales y vaciador de Aerolíneas Argentinas y del Grupo Marsans, decía que “había que trabajar más y ganar menos”. Frase que evidentemente es una huida hacia delante de quien no quiere hacer exactamente eso. Una maniobra de psicología inversa, una negación por la afirmación, un ocultamiento por exhibición. Es como las creencias del capitalismo liberal: la farsa de una libertad económica que condiciona a casi todos. La manipulación de los principios más básicos de oferta y demanda, ya de por sí tramposos. La imposición de precios, tasas, porcentajes, instrumentos financieros, a la mayoría. Es parte de los espejismos egocéntricos. Philips, LG, Samsung, Panasonic, Toshiba, Technicolor se confabularon para fijar precios en el mercado de electrónicos durante una década. Clarín se alió a la dictadura para gobernar las comunicaciones y los precios. En el mercado inmobiliario de Santa Fe hay más casas que personas buscándolas, en una burbuja doble de precios inflados, aún cuando la propia especulación por escasez manipulada ya sería objetable. Y por último, hay tropas de firmas enloquecidas a la búsqueda de mecanismos para eludir o evadir impuestos ante los nuevos controles fiscales o intrigando contra la participación masiva en los capitales y porcentajes.




























