La Ciudad

Bulevar Oroño ya tiene 350 casonas protegidas como patrimonio

Eran viviendas con las que la burguesía rosarina se mostraba ante la ciudad. Hoy fueron remodeladas o sustituidas por empresas e instituciones.

Domingo 18 de Abril de 2021

En Oroño al 100, entre Salta y Jujuy, una casona de gran impronta aguarda en estado de abandono que alguien la compre. En el frente, un cartel de venta dice "terreno: 8,66 por 37 metros". El retiro de baldosas guarda restos de basura y se convirtió en refugio de los cuidadoches de la zona. Según los conocedores, fue construida entre 1906 y 1908 y es obra del arquitecto inglés Herbert Boyd Walker, el mismo que hizo lo que ahora conocemos como Facultad de Derecho (antes Tribunales provinciales) y el edificio de Tribunales federales de bulevar Oroño. Tiene un grado de preservación 2B, que es alto: quien construya debe mantener la fachada y solo puede hacer remodelaciones internas.

Las últimas casonas del bulevar, una de las zonas más protegidas de la ciudad, resisten la embestida de la construcción. Quedan pocas de la época de oro, en la que levantó sus viviendas la crema de la burguesía local, que sigan siendo usadas con tal fin. "Hubo un momento, desde los años 30 y hasta el 60 en los que el bulevar era un lugar adonde a los rosarinos les interesaba hacer su representación ante la ciudad", cuenta Pablo Mercado, arquitecto y especialista en patrimonio.

Según su repaso, en esa calle está el palacio de Pablo Recagno, que luego fue el liceo de Señoritas, hoy Rivadavia; sobre Oroño y San Luis se ubicaba la vivienda de Roque Cassini, que tenía su comercio en diagonal a La Favorita. Allí vivió también el gobernador José J. Gálvez que luego donó o vendió su casa al colegio de la Misericordia; y la vivienda del diputado Luis Palacio donde ahora funcionan los Tribunales federales. En años posteriores vivíó Ciro Tonazzi, presidente de la asociación del teatro El Círculo, en el edificio que hizo la Comercial de Rosario, una empresa de seguros. Los dueños de la fábrica Hanomag Cura, que hoy es Massey Ferguson, moraban en el edificio de Oroño 536, entre San Lorenzo y Urquiza.

"Todo esto fue la época de esplendor. En este momento, la gente con roce político y económico vive en otro lugar y no demuestra su poderío de esta manera. Quedan pocas familias que puedan mantener una casa en Oroño, eso está en retirada porque sale muy caro. No tienen ayuda para mantenerlas y se necesitan saberes, porque tienen problemas edilicios de todo tipo y deben ser refuncionalizadas", explicó Mercado. Por eso, muchas fueron recuperadas por empresas para instalar allí clínicas médicas, geriátricos, colegios, bancos, locales gastronómicos o comercios; haciendo una sustitución de uso el edificio o modificando la unidad.

Protección

En Rosario existen distintos niveles de protección, según la importancia que tengan los inmuebles. Oroño es una de las zonas más protegidas de la ciudad, y de hecho tiene una normativa de preservación exclusiva desde el río hasta Pellegrini. En el bulevar, desde Montevideo hasta avenida Rivadavia, existe un área de protección histórica, urbanística y arquitectónica que plantea un límite de altura de 13 metros, o planta baja y tres plantas, desde que en 2005 se hizo un edificio de 16 pisos donde había unas canchas de tenis que salían por Zeballos y por Oroño. "Esto se debe a que ponía a las demás propiedades en riesgo, porque podrían comprar cualquier casa y demolerla para hacer una torre", recordó el profesional.

En total, son 356 inmuebles frentistas preservados por la ordenanza, que pasaron a formar parte del inventario de edificios y sitios de valor patrimonial, aunque con diferentes grados de protección según cada uno de ellos. Desde entonces, si se demuele una propiedad que no está protegida, no se habilita la construcción de más pisos. Un ejemplo es el de la propiedad ubicada al lado del estacionamiento del supermercado La Gallega, en Oroño y Salta, donde había una casa de planta baja y alta y se hizo un consultorio odontológico que tiene planta baja y cuatro pisos. Otro es junto al viejo teatro Real, donde se construyó un edificio de oficinas de planta baja y cuatro pisos pisos para la inmobiliaria Pilay.

Toda intervención sobre los inmuebles de valor patrimonial ubicados en ese sector, debe ser autorizada por el Programa de Preservación y rehabilitación del Patrimonio, rigiendo para los mismos los grados de protección establecidos por Ordenanza Nº 7.156/01 (Inventario de Edificios y Sitios de Valor Patrimonial del área Central), Ordenanza Nº 7.837/05 (Convenios Urbanísticos) y la totalidad de la normativa específica. Toda excepción a la normativa, requiere aprobación por el Concejo Municipal.

Esto produce que las constructoras no puedan comprar una propiedad en Oroño, que tienen gran valor, y volver a construir muchos metros cuadrados, por lo que baja el margen de ganancia. "No se están haciendo edificios de altura, sino nuevos edificios con la misma altura que habilita el código. Si no tiene protección de fachada, se demuele y se hace otra cosa, pero no se puede lucrar haciendo más pisos que los que tenía. Esto detuvo la especulación sobre el suelo urbano", apuntó el arquitecto.

No es lo mismo reconstruir la ciudad que permitir la especulación, porque no construyen calidad sino que le sacan todo el rédito posible a un lote", insistió. "En Oroño es difícil, por el límite de altura y porque las excepciones se suelen solicitar en lotes que tienen más de 3 mil o 5 mil metros cuadrados. Lo contrario sucede en avenida Rivadavia, donde se demuelen comercios antiguos como los que estaban frente a la estación Rosario Norte y al no tener limite -como Oroño- se hacen torres de 20 pisos", expresó el experto.

Oroño 195

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El inmueble ubicado en Oroño 195 (ver foto) está catalogado con una protección directa 2B, una de las más altas de todo el bulevar. Esta categorización comprende a edificios o conjunto de edificios autónomos sujetos a preservación de las envolventes, previéndose la revalorización de las fachadas por medio de intervenciones mixtas, restauración de elementos ornamentales o compositivos, transformación de carpinterías y ampliación de vanos e incorporación de nuevos elementos. Se permite la reestructuración interior. En caso de edificios colectivos, la modificación deberá plantearse con un criterio de integración y respeto de todas las unidades que componen el proyecto original.

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