Conmueve el relato de uno de los últimos jóvenes que recuperaron su identidad genética primigenia gracias a la incansable labor de la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo. Solían decir nuestros abuelos, migrantes forzados por la pobreza y las guerras, que la sangre no es agua, y entonces la recuperación de los orígenes de todos y cada uno constituye una cuestión importante a la hora de pararnos sobre la tierra. Terrible tragedia la de convivir con quienes aniquilaron la vida de otros o son cómplices de esto por acción u omisión. Es por eso que resulta irritante la posición asumida públicamente en las pasadas semanas por una mediática dirigente política, que se opone a las pruebas de ADN para determinar la identidad de personas a las que se supone apropiadas durante la dictadura militar. Ciertos acontecimientos son parte aguas en la historia de la sociedad: los años de plomo marcan a fuego a la Argentina y su presente. Los mismos de ayer, jamás cambiaron, sus testimonios públicos lo evidencian. Memoria contra el olvido, claridad de procederes y convicciones firmes. Búsquedas e identidades para abrir brechas hacia la dignidad colectiva aun en tiempos de turbulencias.

































