Hace algunos días, un grupo de vecinos, entre los que me encuentro, muy preocupados por la sucesión de hechos de delincuencia violenta que nos afecta en nuestro barrio, decidió pedir una reunión a las autoridades de la comisaría 6ª, dentro de cuya jurisdicción se encuentran nuestros hogares y/o establecimientos comerciales. La reunión se realizó en la noche del miércoles 17 en las instalaciones del Club Horizonte. Acudieron allí dos oficiales de la comisaría, cuyos apellidos no recuerdo y (además) no vienen al caso. Ambos oficiales se prestaron muy solícitos y amables a nuestra requisitoria, se pusieron enteramente a nuestra disposición, nos dieron los números telefónicos y nos pidieron ideas respecto a cómo podían ayudarnos a prevenir la inseguridad. Se precisaron algunas acciones a llevar a cabo para mejorar el servicio, pero que no son el objeto de ésta. En un momento, alguien preguntó cuáles eran los límites de la jurisdicción de la comisaría, si se tenía idea de cuántos habitantes viven allí, y cuál es la dotación de la comisaría para prestar el servicio a toda esa gente. No me acuerdo de los límites, pero sí me acuerdo de los números, que me helaron la sangre. Las autoridades policiales dijeron que el número de habitantes se estima en no menos de 240.000. Para vigilar y controlar esa enorme cantidad de personas la comisaría 6ª dispone hoy de un patrullero y 34 efectivos, de los cuales a la calle pueden salir 26. Si no estoy mal informado, el presupuesto anual de la provincia de Santa Fe anda por los 12.000.000.000 de pesos. Es decir, acá plata no falta para comprar patrulleros o poner policías dentro de las comisarías. Acá lo que falta es la decisión política de hacerlo. Porque con gran parte de esa plata, antes (mucho antes) de comprar cinco patrulleros y nombrar 40 efectivos para la 6ª se va a construir una obra (faraónica si las hay) como el Puerto de la Música, y otras más que en este momento la indignación que me embarga me impide precisar, pero que existen. Dice la imaginería popular que desde hace no menos de 30 años la 6ª es una zona liberada para los delincuentes. Después de la reunión, he comprobado que eso es cierto pero que no es la policía la que libera la zona. Es el poder político que no ve lo que tiene delante de los ojos y esa ceguera es la responsable de que nos roben y nos maten en la calle y, a veces, a plena luz del día.
































