Todos aquellos que conocimos a Rosa Sánchez, Rosita para sus amigos, no podemos creerlo. El 28 de diciembre Día de los Santos Inocentes, amanecimos con una noticia que parecía una broma macabra: su pareja, José Luis, la mató a golpes y con una cuchillada certera terminó con su vida. Por qué es la pregunta que nos hacemos todos quienes la queríamos y compartimos con ella distintos momentos de su vida. Era una persona íntegra, buenaza como pocas, siempre dispuesta a ayudar a los otros, a tender una mano a quien más lo precisaba. Qué paradoja: ella, desde joven, trabajó con los chicos toba del barrio Empalme, como ayudante de cocina. Y no sólo les brindaba el alimento diario a los alumnos de la escuela sino mucho amor y contención, ya que muchos de ellos pasaban serias necesidades, no sólo materiales sino afectivas, y allí estaba Rosita. También militó política y gremialmente. Como delegada de UPCN se destacó por brindar apoyo y soluciones a sus compañeras no docentes. Después pasó a la administración pública provincial, trabajando siempre con una sonrisa. Fue buena madre, además de compañera y amiga única e irreemplazable. Quienes la conocimos sentimos una gran tristeza y un vacío enorme. Vayan estas líneas a modo de reflexión: nadie sabía o sospechaba de los maltratos. Todos tenemos derecho a vivir sin violencia, esto evidentemente fue un proceso, no surgió de golpe, pero a nosotras nos tomó de sorpresa y hoy es tarde. ¿Por qué? ¿Por qué, Rosita, no pediste ayuda? Sólo ella lo sabrá. Que el recuerdo de esta linda personita que nos llenó el corazón a todos los que algún día compartimos la vida con ella nos sirva para pedir que se haga justicia. Rosita ya no está físicamente, pero quedará por siempre en nuestros corazones. Unamos nuestras voces y pidamos a Dios y a los jueces que este grave hecho de violencia familiar no quede impune como tantos otros.


































