Todo conductor que ingresa o sale de Rosario por ruta 9 sabe que a ambos lados de aquella, próximo a Circunvalación, existen bandas de delincuentes que, al acecho de los automovilistas, cruzan troncos, arrojan piedras y esperan el descenso de los conductores o tripulantes para atracarlos. Lo mismo sucede cuando se ingresa, desde avenida Belgrano, hacia Pellegrini en dirección oeste. Ya recibí dos adoquines lanzados desde el "puente de la integración", que atraviesa Pellegrini. Con hechos notorios, públicamente conocidos, para evitarlos creo que basta un móvil policial en el ingreso de la ciudad (al sur) y otro en la esquina de avenida Belgrano y Pellegrini. Aunque quizá simplifico en demasía, porque soy abogado, y en la Facultad de Derecho no hay nada relacionado con la materia seguridad. Yo viajo casi diariamente a la ciudad de Arroyo Seco. Hace unos días, al volver, embestí el tronco atravesado en Circunvalación (y digo "el tronco" y no "un tronco", porque es el mismo tronco que está al costado del camino, que los delincuentes atraviesan y algunos lo corren. Al embestirlo lo hice forzado por la alternativa de romper el auto o arriesgar que mi esposa o mis chicos sufrieran algún trastorno si descendíamos. Hace una semana viajaba con mi hermano, también por la misma zona de ingreso a la ciudad. Una piedra dio en el vidrio delantero, lo rajó, pero no lo perforó. La piedra fue lanzada unos doscientos metros antes del lugar en donde los delincuentes colocan el tronco. Avisamos a la policía, como siempre. Lamentablemente, mis padres tuvieron peor suerte. Ayer vinieron a visitar a sus nietos: Elba, de 72 años y Aldo, de 83. Manejaba mi madre. Al volver a Arroyo Seco, tomaron la autopista. Les arrojaron un ladrillo, que ingresó por la ventanilla del acompañante, la atravesó rompiendo el vidrio, e hirió a mi papá en el rostro. Llorando, mi madre presa de pánico me llamó por teléfono, llegó al peaje de General Lagos con el vidrio abierto, papá herido y mojándose. No había ningún policía ni supieron auxiliarla. Por lo pronto, le pedí que suspendieran sus viajes a Rosario; ya veré la manera en que mantengan contacto con los nietos. El ministro de seguridad, Daniel Cuenca, se ufana de que varias decenas de reclusos cursen materias en la Universidad. ¿No sería una alternativa confiar la seguridad a la ministra de Educación?




































