Me siento como atrapada sin salida desde el 21-7-06, cuando un par de insensatos asesinaron a mi hijo Luciano para robarle la moto. Nuestro hogar se desarmó, cada cual hizo lo que pudo y ahora notamos que el hogar que habíamos construido con tanto amor es una casa demasiado grande para habitar. Sobrevivimos casi de prestado porque hemos perdido empleos, ya que somos mayores para acceder a uno nuevo y demasiado jóvenes para jubilarnos. Todo obviamente es consecuencia de aquel día que quisiera borrarlo, y la realidad es que me invade la desesperanza ante la evidencia de que tenemos que seguir en este mundo de mortales donde predomina la indiferencia y el sálvese quien pueda, donde los gobiernos de turno se desinteresan de lo que sucede en el pueblo que gobiernan y priorizan a aquellos que pueden sumar votos. Escribir para mí es una especie de desahogo, cuento con pocos recursos, este es uno de ellos, y lo comparto con quien lo desee o lo necesite.



























