El capitán del crucero que sufrió averías cuando regresaba de la Antártida redactó un informe donde afirma que el buque “nunca estuvo fuera de control”, aunque admite haber soportado un temporal con vientos de 90 kilómetros por hora y olas de 9 metros de altura.
El dinamarqués Idar Petersen explicó ayer que el Clelia-II (que atracó en el puerto de Ushuaia anteanoche a las 21) navegaba a 4 o 5 nudos en dirección norte por el Pasaje de Drake, en medio de la tormenta, cuando a las 10.40 del martes último “una ola que impactó delante del puente, dañó una ventana y luego otra de la puerta de estribor”.
Según el informe entregado por el capitán a las autoridades de la Prefectura Naval Argentina, la rotura hizo que el agua de mar ingresara a través de la ventana y puerta y afectara el panel de comunicaciones y el instrumental.
Petersen relató luego que a partir de esa situación puso el barco en modo de maniobra de emergencia y giró para colocarse en la dirección del viento y del oleaje. “De inmediato se despejó el puente de agua y se evaluó el estado de los instrumentos. Luego de una hora, se pudo ver que el daño provocado por golpe de mar dentro del puente de la embarcación. Lo más importante fue la pérdida de las comunicaciones”.
En esas circunstancias le solicitaron ayuda para restablecer la comunicación con tierra al barco National Geographic Explorer, que se encontraba a 23 millas náuticas (42,5 kilómetros) de la posición del Clelia.
El Explorer “se acercó lo suficiente como para que lanzáramos una línea y nos dieran un teléfono Iridium”, indicó Petersen, y explicó que “una vez que la situación se normalizó, los pasajeros fueron informados ”.
El capitán mantuvo el rumbo a la espera de un cambio de condiciones climáticas y el 8 de diciembre a las 6 el clima mejoró, el mar se calmó y el buque de 88 metros de largo puso rumbo en dirección a Ushuaia.
A pesar del inicidente, ninguno de los 88 turistas estadounidenses y 77 tripulantes sufrió heridas. l

































