Si se trata de disparates e injusticias viene a la memoria el campeonato Metropolitano de 1968, en donde San Lorenzo en su zona le sacó al segundo (el Estudiantes de Zubeldia, nada menos) 12 puntos de ventaja. En ese campeonato se cruzaban el primero de una zona con el segundo de la otra y viceversa. Llegaron a la final San Lorenzo y Estudiantes, y casi se produce una injusticia mayúscula, ya que el club de La Plata estuvo en ventaja buena parte del partido final jugado en cancha de River, hasta que los azulgranas lograron darlo vuelta y la injusticia que hubiera sido tremenda no se consumó. Hoy, 46 anos después, al parecer las cosas no cambiaron en la AFA. Un equipo integrado por oficinistas, de pobre labor en 42 fechas, de andar errático, bajo el manto de graves sospechas de arreglos de resultados (en la última parte de la primera rueda ganó varias veces de local de forma harto sospechosa, y ni hablar del reciente desempeño de Defensa y Justicia, ya ascendido, al visitarlo en el Libertadores de America), obtuvo el mismo premio que el club que en la tabla le sacó 11 puntos de ventaja, por lo que al parecer en AFA da lo mismo sacarse un sobresaliente o un aplazo, ser campeón o salir tercero. Estos son los disparates que pésimos legisladores en nuestro fútbol logran plasmar con reglamentaciones y formatos de torneos absolutamente ridículos. Indigna ver que jugadores que venían cosechando lo que sembraban en el campo de juego, terminan festejando, lo mismo que los simpatizantes en las tribunas, como si se hubieran coronado campeones, todo por haber acertado en un partido casi de lástima, cuando un día antes la hinchada los quería colgar a todos. En definitiva, uno se pregunta para qué se lució tanto el campeón si otros de mediocre desempeño lograron el mismo objetivo. Independiente volvió a primera sin ningún mérito, sin haber acertado nunca, y como puntualicé antes, bajo un gran manto de sospecha. Me recuerda que después del Racing de Merlo campeón tras mucho tiempo (también rodeado de otro gran manto de sospecha), el Diablo, como si alguna consigna hubiera dictado que si salió el primo cómo no vamos a salir nosotros (¿será porque Grondona en ese entonces, como ahora, era el presidente de AFA?), al siguiente torneo salió también campeón logrando incluso en ese campeonato sospechosas goleadas de la noche a la mañaana, como si una varita mágica hubiera transformado un equipo del montón en superdotados del fútbol.
































