Cuando era niña mis padres me enseñaron que la honestidad, la palabra, el trabajo y la solidaridad eran las bases fundamentales para ser una buena persona. Pero cuando empecé a construirlas me di cuenta que pocos tienen el sentido de lo que es la honestidad, el trabajo y menos aún ser solidarios. Nada de eso existía y menos en la política y trajo a mi vida un resultado que fue la desilusión y darme cuenta que mis padres me habían mentido o bien se equivocaron. Y con el peso y el dolor en el alma, la desilusión y la injusticia, quiero antes de terminar de bajar mis brazos informar por qué los Abuelos Sustitutos suspenden las actividades que desde el año 2005 venían desarrollando. En julio de 2007 la Municipalidad nos cedió de palabra un lugar en calle Chacabuco 1371 y el concejal Edgardo Falcón lo convirtió en decreto, pero igual no nos permitieron trabajar en el mismo. Comenzamos a reunirnos de bar en bar y por no contar con el armario prometido nos robaron de un baúl de auto los elementos de disfraces que usaban los Abupayas. Tampoco nos permitieron juntar elementos para distintas campañas, pasaron la pelota siempre para adelante, hasta que un grupo de concejales le pidió al intendente una explicación. Nos citaron en noviembre para una mediación, donde concurrí con la abogada Silvia Pérez Games y nos prometieron que para febrero nos llamaban para darnos una contestación de hora y día donde podíamos usar las instalaciones. Febrero terminó y así también mi paciencia. Siento mucha tristeza, pero más tristeza por no poder sentirnos útiles dando compañía a los niños internados, a los abuelos en geriátricos abandonados, en el Hoprome, enseñando a los niños de la calle que hay otro mundo y que no es sólo el del robo o de la droga. Pero no nos dejaron. Ya no nos sentiremos útiles, esperados, necesitados como nos sentíamos y quiero que la tristeza que sentimos se sepa. Pero más aún que se sepa la vergüenza que nos invade porque en democracia hemos visto que los decretos que sirven sólo son los de ganancia para alguien. Y nosotros no beneficiábamos ningún bolsillo. No es nuestra culpa ya que pusimos lo mejor y aquel al que le correspondía hacerlo y no lo hizo, porque no quiso, porque no pudo o porque no le importó, quiera Dios que algún día pase por este camino y se dé cuenta del daño ocasionado.




































