Caminando por la bajada que lleva su nombre, reflexioné sobre la actitud del sargento Cabral, quien como otros, a lo largo de la historia, demostró que sin egoísmo son posibles la valentía, el patriotismo y el bien común. Pese a estos ejemplos la teoría determinista del egoísmo genético (Richard Dawkins) enuncia que tal conducta es inevitable para la supervivencia. Obviamente, este pensamiento fue utilizado para justificar la esclavitud, el racismo y explotaciones diversas. Aunque muchos aun creen en eso, otras ideas más sensatas nos dicen que el contexto puede modificar en gran media el efecto de los genes, es decir que la sociedad y el entorno pueden influir en nuestra formación. Digamos que el egocentrismo se justifica como comportamiento infantil aunque a menudo se extiende a los adultos. No podemos desconocer que todos somos un poco egoístas, los padres con sus hijos, los desarrollados económicamente con el submundo de la pobreza o los dueños de mascotas con las veredas públicas. El autoanálisis crítico no debería invalidar el objetivo de mejorarnos, la Madre Teresa, el doctor Esteban Maradona, los pioneros del cooperativismo (agrario y financiero) o el pescador que se ahogó para salvar al chico caído en el río, son ejemplos concretos y no utopías. No deberíamos olvidarnos también que el altruismo es el comportamiento del individuo que contribuye a aumentar el bienestar de otros semejantes a expensas de su propio bienestar. Si esta idea no se practica y se la promueve tanto el mundo familiar, social o económico, el futuro se opaca. Estimo imprescindible transmitir la premisa que muchas veces es mejor cooperar que competir. La pobreza, la concentración económica excesiva y la injusticia distributiva están en la vereda opuesta al bienestar general. En el reciente Foro Económico mundial de Davos, al mencionarse las expectativas para los próximos años se concluyó que en la actualidad estamos presenciando una verdadera "explosión de desigualdad" ya que mientras el 1 por ciento de la población mundial será en el corto plazo dueña del 48 por ciento de la riqueza mundial acumulada, el 99 por ciento tendrá que limitarse a la mitad restante. Sin una conciencia social que arrincone al egoísmo seguirán destacándose los que piensan exclusivamente en el beneficio individual o sectorial desconociendo que nadie, sin pagar algún precio, se salva solo.


























