Con asombro, rayano al espanto, me entero por una nota de este diario, del regreso a Haití del hijo del dictador Duvallier, llamado Papa Doc. Este siniestro personaje, responsable directo de las penurias de ese pueblo, que lo asoló despiadadamente, tanto o más que el terrible terremoto, viajó desde París en un vuelo regular de Air France, país que le dio asilo. No dejo de asombrarme. Francia, colonial, revolución Francesa de por medio en 1789, que abolió en 1794 la esclavitud luego de la gran y primera revolución haitiana, por entonces colonia francesa, permite semejante cosa. Robespierre, tal cual lo dice claramente Eduardo Grüner en su libro "La oscuridad y las luces", abolió la esclavitud en Francia a instancias de las presiones de una colonia de negros, tan negros como valientes. Esa colonia era Haití. Ahora esto, parece demasiado. Haití debería ser motivo de orgullo para toda América, criolla, negra, mestiza y europea. Poco hacemos por defenderla. Ya casi nos hemos olvidado de que hay más de dos millones de personas muriéndose de hambre. Esto más que una tragedia ya parece una comedia, una impune farsa de los países centrales. Deseo profundamente que los genes libertarios del pueblo haitiano nunca desaparezcan. Salud Haití.

































