Tal vez hubiese sido conveniente no escribir esta nota, pero analizando a los estimados lectores y colaboradores de estas columnas, la mayoría son personas adultas y concientes de la realidad. La intención y preocupación es por la continuidad por todo lo que tiene vida en el planeta, tal cual como la naturaleza la fue creando y acondicionando, que deseamos perdure a través de futuras generaciones. Pero sabemos que tal creación en la cual todavía podemos caminar y vivir no está totalmente concluida, pues sigue acondicionando su estructura por medio de sus placas ígneas en movimiento, terremotos, volcanes, maremotos o tsunamis causantes de tantas hecatombes ajenas a la voluntad del hombre, según la mayoría de las opiniones. Otras teorías cuestionan las influencias de las repercusiones en cuanto a las pruebas secretas de explosiones de bombas nucleares, como así la aplicación de frecuencias oscilatorias de altísimo poder para detectar petróleo, ambas en grandes profundidades, tanto en tierra como en mares, originadas por países poderosos. Pero existen otras tragedias que se suscitan continuamente aumentando al devenir del tiempo, con la destrucción de todo lo que tiene vida en el planeta por causa del accionar indebido del ser humano, a sabiendas. Por ejemplo, las radiaciones, calentamiento global, contaminaciones de todo tipo, con el afán desmedido de lograr más dividendos, despreocupándose por los perjuicios futuros, con fábricas que contaminan ríos, volcando residuos químicos, y otros, también envenenando el agua con cianuro en el lavado de rocas para la obtención de minerales valiosos. La ambición nos da lugar a reflexionar y tomar en cuenta que hasta su propia existencia será víctima de su obra. Todo este accionar es dirigido y planeado por grupos de personas, que deciden individualmente sin consultar a sus habitantes, a la gente en general, no aceptando sugerencias de los futuros damnificados; lo hemos notado en el desastre de Fukushima, en el cual ingenieros y especialistas no tuvieron la precaución de que esa zona no era apta para tal obra. La sugerencia para que continúe la vida, en una nueva era del planeta, antes que se produzca la posible hecatombe, estaría orientada y destinada a la organización más importante a nivel mundial para que disperse por todo el planeta monolitos de piedras con una inscripción en todos los idiomas, así los que sobreviven obtengan en esos escritos el conocimiento de cuales fueron los factores y elementos que destruyeron casi todo y que nunca más se cometa el mismo error. Piensen y reflexionen sobre el lugar adecuado y qué destino deberán darle a estos, los cuales en la era anterior se los manejó con torpeza, entre ellos el uranio el plutonio, e infinidades de compuestos, gases y sustancias nocivas que fueron logradas concientemente o accidentalmente por la especie llamada "seres inteligentes del planeta". También a la lista hay que agregarle los grandes almacenamientos de ojivas nucleares con sus respectivos armamentos que existían antes de la devastación. Reflexión: Los que ya vivimos nuestro ciclo de vida tal vez aceptamos lo que acontezca, pero las nuevas generaciones, hijos, nietos, también tienen derecho a su etapa de vida.


































