Antes de convertirse en Papa, el cardenal Joseph Ratzinger se negó a expulsar a un sacerdote estadounidense que había confesado abusar de numerosos niños e incluso había estado encarcelado por ello, simplemente porque el cura se negó a aceptar el castigo de la Iglesia.
En un principio el Vaticano culpó de los recientes escándalos en todo el mundo a la prensa y a grupos que apoyan los derechos al aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. El mismo Papa censuró lo que describió como el “pecado” que ha contaminado a la Iglesia.
Pero la actual denuncia demuestra cómo el papado de Juan Pablo II dejó con las manos atadas a obispos estadounidenses mientras enfrentaban una crisis de abusos sexuales, que explotó años después.
Documentos judiciales sobre el fallecido cura Campbell, de Illinois, obtenidos por The A-ssociated Press, revelan que Ratzinger cumplió con el derecho canónico de esa época al rechazar el pedido de un obispo que quería destituir al sacerdote. La única razón fue que el abusador no aceptó la sanción. “La solicitud en cuestión no se puede admitir, ya que no cuenta con el pedido del propio Campbell”, escribió Ratzinger en una carta del 3 de julio de 1989 al obispo Daniel Ryan de Springfield, Illinois.
Cuando la Iglesia se recuperaba de las numerosas renuncias de curas en la década de 1970 para casarse, Juan Pablo II hizo más estrictas las reglas para dejar el sacerdocio tras asumir el papado en 1978, al decir que su vocación era vitalicia.
Una consecuencia de ese cambio fue que, a medida que el escándalo de abusos sexuales aumentaba en Estados Unidos, los obispos ya no podían evitar un largo juicio necesario para destituir a un sacerdote y dejarlo como un simple fiel laico.
En 1980, nuevas reglas les quitaron a los obispos la posibilidad de pedir que curas abusivos fueran retirados de sus puestos sin ir antes a un juicio canónico. Las reglas serían suavizadas dos décadas después en medio de la explosión de denuncias de abuso en EEUU.
El obispo que supervisaba a Campbell había pedido que fuera retirado del sacerdocio con celeridad, en parte para evitarle a las víctimas el dolor de ir a juicio, pero la respuesta de Ratzinger se apegó al derecho canónico en vigencia.
Los obispos retenían el derecho a retirar al cura del ministerio o someterlo a juicio y recomendarle a Roma apartar del sacerdocio a un clérigo y nada les impedía que denunciaran esos delitos a la policía, argumenta el Vaticano.
“El nuevo código no contenía nada que impidiera a un obispo ejercer su criterio para restringir el ministerio o asignar a un sacerdote a un puesto en el que no tuviera contacto con el público”, dijo Jeffrey Lena, abogado del Vaticano.
El de Campbell es uno de los varios casos que tras décadas han salido a la luz en los últimos meses y que han puesto en tela de juicio las decisiones de Ratzinger y la ley eclesiástica a la que se apegaba para ocuparse de sacerdotes implicados en pederastia cuando era el titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la oficina de supervisión doctrinal de la Iglesia católica, cargo tomado en 1981.
En 1979, Juan Pablo II indicó que “al ser ordenados sacerdotes, eso queda impreso para siempre en las almas. No se puede renunciar al sacerdocio”.
Ryan, en su carta a Ratzinger, citó a Campbell, quien dijo esencialmente las mismas palabras: “Una vez sacerdote, se es sacerdote para siempre”.
Hace 15 años, al ser capellán del ejército, Campbell fue reprendido y dejó el servicio tras la violación de al menos un chico, según documentos militares y eclesiásticos.
En una carta del ejército que estaba en el archivo de Campbell, se valió de su rango y posición como capellán “para cometer actos homosexuales indecentes” con un chico menor de 16 años, al que supervisaba.
Aún así, el obispo Joseph McNicholas, entonces titular de la diócesis de Springfield, le escribió a Campbell: “Tenga la seguridad de que le daremos la bienvenida con los brazos abiertos aquí en casa”. (AP)

































