Como era de esperar, no le hizo ninguna gracia. Pero para mí, esto es normal. Siempre me resultó difícil reconocer rostros, independientemente de lo bien que conozca a alguien. Los expertos afirman que la prosopagnosia (ceguera facial) es más común de lo que la mayoría de la gente cree, y afecta a aproximadamente a una de cada 50 personas.
En algunos casos, la afección se desarrolla tras un daño cerebral, por ejemplo, después de un derrame, aunque "no conocemos a mucha gente que experimente prosopagnosia por esos medios", señala la profesora Sarah Bate, psicóloga de la Universidad de Bournemouth en Reino Unido. Es mucho más común haber tenido dificultades desde una edad temprana, explica, lo que se conoce como prosopagnosia del desarrollo o congénita.
Se cree que esta forma de la enfermedad es hereditaria, lo que sugiere un posible vínculo genético, aunque aún no se conocen con exactitud los genes responsables. "Nunca es tan simple como que exista un solo gen", dice Bate, para añadir que "suele ser una interacción mucho más compleja de factores genéticos y ambientales".
Experiencias infantiles
Bate cree que las experiencias visuales tempranas pueden influir. Algunas personas con prosopagnosia describen periodos en su infancia en los que su visión era deficiente o inusual. "Puede haber etapas críticas en el desarrollo que sean importantes para aprender a reconocer rostros", afirma.
"Si a un niño no se le proporcionaron lentes cuando las necesitaba, o si nació con cataratas que afectaban su visión, esto podría alterar ese proceso".
Personalmente, creo que esto tiene todo el sentido del mundo. De pequeña tuve algunas dificultades visuales, pero jamás habría relacionado el hecho de llevar un parche en el ojo a los ocho años con la dificultad que tenía para reconocer a mi novio cuando era adulta.
También existen indicios que sugieren que otros factores podrían contribuir. "Sabemos, por ejemplo, que en los trastornos del espectro autista algunas personas pueden no sentirse cómodas haciendo contacto visual. Un gran número de personas con esos trastornos también tienen dificultades con el reconocimiento facial", sostiene Bate.
Los niños que crecen con un contacto social limitado también pueden tener dificultades para reconocer rostros más adelante en la vida, añade.
Secuencia de procesos cerebrales
Reconocer un rostro familiar puede resultar sencillo para la mayoría de las personas, pero los neurocientíficos afirman que depende de una compleja secuencia de procesos cerebrales. "Tenemos un circuito cerebral específico para el reconocimiento facial", afirma la profesora Zaira Cattaneo, neurocientífica de la Universidad de Bérgamo en Italia, que investiga la percepción facial.
"Todo comienza en la parte posterior del cerebro, en las regiones sensoriales", que han evolucionado para ser "extremadamente selectivas para los rostros". Esa región, conocida como lóbulo occipital, contiene la corteza visual primaria, donde se recibe e interpreta por primera vez la información visual. La información visual viaja entonces a una región del cerebro llamada corteza temporal, donde el reconocimiento se profundiza.
"En este punto, no solo reconocés un rostro, sino que también sabés si te resulta familiar; podés añadir un nombre y toda la información semántica y biográfica sobre la persona", explica Cattaneo.
La etapa final involucra la corteza prefrontal, un área vinculada al pensamiento consciente y la toma de decisiones, donde "básicamente representamos conscientemente el rostro, porque la mayor parte del procesamiento sensorial no es consciente".
Trabajo en conjunto
Científicos como Cattaneo creen ahora que el proceso casi instantáneo de reconocer un rostro no depende solo de regiones cerebrales individuales, sino de cómo trabajan juntas. Según explica, las personas con ceguera facial "podrían tener menor conectividad entre las distintas partes del circuito facial".
La evidencia sugiere que, a medida que envejecemos, más dificultades podemos tener para reconocer rostros, y no solo debido a un deterioro general de la memoria. Catteneo explica que, con el tiempo, las regiones cerebrales implicadas se vuelven menos selectivas para los rostros familiares. Así que, tanto si tuviste dificultades cuando eras más joven, como yo, como si no, "todos podríamos tener deficiencias en el reconocimiento facial al envejecer", afirma.
Pero mi prosopagnosia definitivamente no está relacionada con la edad. Lucho con ella desde que tengo memoria. Por eso me alegré mucho cuando Bate se ofreció a hacerme la prueba para ver si cumplía con los criterios oficiales.
Rostros famosos
El examen comenzó con un cuestionario sobre mis experiencias cotidianas con los rostros. Indiqué mi grado de acuerdo o desacuerdo con afirmaciones como si a menudo no reconozco a las personas o si me cuesta identificar a individuos cuando visten ropa similar. Luego respondí preguntas sobre la frecuencia con la que experimento síntomas comunes de ceguera facial. Finalmente, completé una prueba de rostros famosos, en la que me mostraron una serie de personas conocidas y tuve que decidir si cada rostro me resultaba familiar.
Me alegró mucho ver a David Attenborough, el naturalista y presentador británico, pero no pude con Paul McCartney, el actor Tom Hanks y el ex primer ministro británico Tony Blair.
Como era de esperar cumplía los criterios para la prosopagnosia. No fue una sorpresa, pero tener un diagnóstico oficial me hizo sentir validada.
Probablemente sea algo que tendré de por vida, aunque los científicos están investigando si la red de reconocimiento facial del cerebro se puede mejorar activamente.
Las neuronas del cerebro suelen activarse juntas en patrones sincronizados llamados oscilaciones. "Básicamente, podemos entrenar al cerebro para que oscile a una frecuencia que esté relacionada con una percepción eficiente", afirma Catteneo.
Ella está investigando el uso de una corriente eléctrica débil y no invasiva aplicada a través del cuero cabelludo para estimular la sincronización de las neuronas. Los primeros resultados sugieren que esto podría ayudar con el reconocimiento facial, pero Catteneo advierte que no hay que hacer promesas excesivas.
"A veces, el riesgo es que la gente recurra a estas técnicas pensando que son milagrosas", afirma, y explica que "los efectos que observamos son apenas de dos o tres puntos porcentuales en una tarea específica, o de una mejora de unos pocos milisegundos".
Bate afirma que los esfuerzos por entrenar el reconocimiento facial, de forma similar a los ejercicios generales de entrenamiento cerebral, tuvieron un éxito limitado. "Se realizan cientos de repeticiones de algo determinado; probamos ese tipo de enfoques tanto en adultos como en niños, con resultados bastante moderados, la verdad".
Aprendí a reconocer a las personas fijándome en pequeños detalles. ¿Alguien camina con un aire de superioridad? ¿Tiene una voz distintiva? ¿O siempre lleva los labiros pintados de la misma manera? Es una estrategia que me funciona bien, pero tiene sus riesgos: si alguien se corta el pelo, vuelvo al punto de partida.