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Acribillaron a tiros a un hombre frente a un búnker de drogas en barrio Larrea

Los habitantes del barrio aseguran que se escuchó una ráfaga de disparos y dieron pistas de que el arma utilizada fue "una metra", nombre vulgar de la pistola ametralladora.

Sábado 05 de Octubre de 2013

Un hombre de 44 años fue asesinado a balazos ayer a la madrugada a pocos metros de un quiosco de venta de drogas ubicado en Juan B. Justo al 7000, en el barrio Larrea. Sobre el homicidio, en cuya escena quedaron diseminadas 12 vainas servidas de calibre 9 milímetros, ayer se contaban dos versiones contrapuestas. Una, originada en el acta preventiva del Comando Radioeléctrico, indica que la víctima, un ex convicto con pedido de captura, había resistido el robo de su moto y en ese contexto recibió tres impactos de bala. La otra, la de los vecinos de la zona que en voz muy baja accedieron a hablar con este diario, relataron que el crimen fue el capítulo final de una discusión entre la víctima y uno de los soldaditos del quiosco de venta de drogas. Los habitantes del barrio aseguran que se escuchó una ráfaga de disparos y dieron pistas de que el arma utilizada fue "una metra", como se conoce en la calle a la pistola ametralladora.

José Luis Ojeda tenía 44 años y, según precisaron fuentes policiales, había pagado detrás de las rejas sus conflictos con la ley penal. Sobre su espalda pesaba un pedido de captura emitido hace dos años por el juzgado de Ejecución Penal de Rosario. Vivía en Empalme Graneros, detrás del club Reflejos, a unas 15 cuadras del lugar donde fue mortalmente baleado el jueves al filo de la medianoche. Sus antecedentes prontuariales, delitos contra la propiedad y las personas en jurisdicción de la seccional 12ª, alimentaron cómodamente la hipótesis de que pudo haber sido baleado al resistir, a fuego y sangre, que le robaran la moto. "Es muy factible que haya resistido con un arma que le robaran la moto. Habrá que esperar las pericias balísticas", indicó un vocero de la causa, en manos del juez de Instrucción Luis María Caterina.

"Es difícil que aplicando el dermotest tengamos un panorama claro para saber si disparó o no, porque tras ser herido fue trasladado al Hospital de Emergencias, donde fue operado de urgencia. Murió aproximadamente a las 6 de la mañana", explicó el vocero.

Calles de miedo. Larrea es un barrio que, con el correr de los años y las sucesivas crisis económicas, se pauperizó. Considerado durante mucho tiempo como el patio trasero de la zona más empobrecida de Empalme Graneros, buena parte del vecindario está constituido por inmigrantes del norte y el Litoral argentino, Bolivia y Paraguay. Pero las crisis no le salieron gratis al barrio y eso se nota al hablar con los vecinos. "Acá te tenés que cuidar de que no pasen dos choros en moto y te dejen dando vueltas; o que te cruces con los soldaditos del búnker. Y nosotros ¿qué podemos hacer? Cuando llegaron al barrio, hace un par de años, se lo recriminamos y ellos nos dijeron: «Andá y denunciá. Llama a las cámaras (los noticieros), a la radio o al diario. Nosotros tenemos el arreglo (con la policía)». ¿Quién se va a animar a denunciar lo que pasó? Nadie. Todos tenemos hijos y estamos muertos de miedo", recordó un vecino que habló con LaCapital bajo promesa de que su identidad no sería develada.

En ese contexto de miedo al transa del barrio más que a cualquier otro ser sobre la tierra, es que el cronista pudo acceder a "la otra versión" sobre el asesinato de José Luis Ojeda. "¿Así que mataron un tipo en Juan B. Justo y Provincias Unidas? ¿Y le dieron con una metra? Esos son los transas que hay ahí", comentó una doña, con naturalidad en la charla, en la guardia de la comisaría 20ª, ubicada a unas 30 cuadras de la escena del crimen.

El lugar donde cayó mortalmente herido Ojeda, cerca de las 23.30 del jueves, marca el sitio en el que los vecinos aseguran que funciona el quiosco de venta de drogas: Juan B. Justo al 7000, a escasos 30 metros de Bolivia y a 70 metros de calle Colombia. "Es el mismo lugar que allanó la policía hace dos meses, sólo que después de que se fue «la gorra», lo cruzaron de vereda", explicó un vecino.

Ejecutado. Varios habitantes del barrio coincidieron en relatar que, a la hora señalada, a las puertas del búnker llegaron un hombre y una mujer en moto. La mujer descendió del rodado e ingresó al lugar para comprar drogas. Cuando salió fue arrebatada por un grupo de muchachos que estaban en el lugar, lo que originó una áspera pelea a los gritos. Fue entonces que Ojeda bajó de la moto para defender a la mujer de la agresión y fue recibido con una ráfaga de balazos. Lo alcanzaron tres impactos: uno le ingresó por el hipocondrio derecho con orificio de salida en la zona lumbar perforándole el hígado, el colon y la vesícula; otro tiro le fracturó el fémur izquierdo y tercer proyectil le atravesó el antebrazo derecho. Un par de minutos después del estruendo por la ráfaga de 9 milímetros, los vecinos asomaron la nariz a la vereda y auxiliaron al herido, que yacía agonizante. En la confusión, desconocidos agarraron la moto y comenzaron a caminar, juntos a la par, hacia calle Colombia. Fue entonces que la mujer que estaba con Ojeda los corrió, les quitó la moto y se marchó en el rodado. A los pocos minutos regresó con otras personas.

Ojeda fue trasladado al Hospital de Emergencia Clemente Alvarez donde ingresó a la 0.40 en una ambulancia del Sies. Los vecinos resaltaron que el móvil sanitario tuvo una demora considerable. El hombre, malherido, ingresó directamente al quirófano y a las 6 de la mañana fue declarado muerto. El homicidio de José Luis Ojeda es investigado por el juez de Instrucción Luis María Caterina, el fiscal Carlos Covani y sobre el terreno trabajan efectivos de la seccional 20ª y la sección Homicidios. Para los vecinos quedó la peor sensación: "Estos tipos no se van a ir más de acá".

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