Los graves acontecimientos sucedidos recientemente en Argentina (robos, saqueos, asaltos y muertes) no están totalmente desvinculados del resultado de las pruebas Pisa, que informan que el 53% de los jóvenes argentinos no entiende lo que lee. Y cuestionan rigurosamente al gobierno actual, que mientras sucedían los gravísimos hechos mencionados en Tucumán, festejaba en Buenos Aires los 30 años de democracia cantando y bailando con la presidente de la Nación a la cabeza. De acuerdo al informe Pisa, creo que las autoridades de Educación y Cultura de la Nación, deberían ocuparse urgentemente en mejorar al hombre contemporáneo, de extraordinario parecido con el salvaje que describía Rousseau, que movido solamente por sus necesidades y sus deseos acosaba permanentemente a su víctima hasta someterla a sus más viles instintos. La espantosa barbarie vivida recientemente, además, me trae a la memoria la gran similitud, aún existente, entre nuestra sociedad y la de fines del siglo XIX, descriptas de manera excelente por Lucio V. Mansilla, quien, refiriéndose a los indios ranqueles, entre otras cosas, escribía lo siguiente: “¿Les hemos enseñado algo nosotros, que revele la disposición generosa, humanitaria, cristiana de los gobiernos que rigen los destinos sociales? Nos roban, nos cautivan, nos incendian las poblaciones, es cierto. ¿Pero qué han de hacer, si no tienen hábito de trabajo? ¿Los primeros albores de la humanidad presentan acaso otro cuadro? ¿Qué era Roma un día? Una gavilla de bandoleros rapaces, sanguinarios, crueles; traidores. Y entonces, ¿qué tiene que decir nuestra decantada civilización? Quejarnos de que los indios nos asuelen, es lo mismo que quejarnos de que los gauchos sean ignorantes, viciosos, atrasados. ¿A quién la culpa, sino a nosotros mismos?”.































