Soy peruana y vivo con mis padres y hermanos, también peruanos, en Rosario desde hace más de 20 años. Desde 2007 fui objeto de numerosas denuncias, amenazas e insultos discriminatorios por nuestra condición de peruanos por una persona enferma de celos y resentimiento cuyo nombre no vale la pena mencionar pero que es bastante conocido en los Tribunales de Rosario y en el Inadi. Este último organismo nacional verificó y condenó los actos discriminatorios e insultos proferidos contra mi persona y mi familia a quienes se refería como “indios” y otros calificativos aún más hirientes y despreciativos. En este largo calvario de insultos, querellas y falsas denuncias, de las que he salido invariablemente incólume y con el buen nombre y honor a salvo, he tenido el apoyo incondicional y desinteresado de varios profesionales, entre ellos el doctor Angel Baltuzzi, la doctora Gloria Caraballo, la doctora Graciela Sanmiguel, defensora Nº 9 de los Tribunales de Rosario, y las doctoras Melisa Avedicián y Marianela Di Ponte, de la misma Defensoría, doctora Carmen María Maidagan, abogada de Derechos Humanos, y el doctor Fabrizio Trossero del Inadi. Me siento en la obligación de agradecer el empeño puesto por estos profesionales en defenderme de tantos ataques y tantos insultos que pretendieron hacernos sentir como intrusos en esta tierra argentina, y que otros argentinos, a los que menciono más arriba, han reivindicado a la mayoría de este noble pueblo que nos ha acogido y a quienes consideramos nuestros hermanos latinoamericanos.

































