Un grupo de boqueteros concretaron un sigiloso y redituable atraco. A través de
un orificio, ingresaron la madrugada de ayer a una joyería del microcentro rosarino y se llevaron
un importante botín consistente en alhajas de metales diversos y dinero en efectivo. Hasta anoche,
la policía no había recibido un inventario del quebranto ni tenía, por tanto, precisado el valor de
las joyas sustraídas.
Fuentes policiales señalaron que el atraco ocurrió en la joyería Megg situada en
San Luis 917, a unos 80 metros de la plaza Montenegro. El negocio es contiguo con una platería y
enfrente hay otro local dedicado a la venta de joyas. Con nociones precisas los maleantes abrieron
un agujero de 30 por 30 centímetros en una pared del negocio lindante con una obra en construcción.
Este emprendimiento está en su parte inicial: sólo está levantada la estructura de madera y de
hierro y en la parte posterior del terreno hay un pequeño altillo.
Para concretar el golpe, los ladrones primero escalaron el cerco perimetral de
la obra y bajaron al terreno donde se alzan las columnas de cimientos. Después realizaron un
boquete en la medianera que divide el futuro inmueble del local comercial asaltado. Por ese agujero
se introdujeron en el negocio y accedieron a lo que habían ido a buscar. Al parecer, en un
rastrillaje nada prolijo, revolvieron todas las estanterías y exhibidores, barriendo con las
existencias allí atesoradas. Recogieron valiosos anillos, dijes y relojes de oro. También se
llevaron dinero.
En medio del escruche ocurrió algo inesperado para los malhechores al activarse
el sistema de alarma. Eran las 5.30 cuando el dispositivo de seguridad alertó sobre presencia o
movimientos extraños ocurriendo en el local. Entonces agentes del Comando Radioeléctrico acudieron
al comercio, pero no advirtieron, según el vocero consultado, la presencia de intrusos.
Poco más de una hora después, a las 7.45 la alarma sonó nuevamente. Los agentes
de esa sección policial fueron nuevamente a la joyería pero ya los malhechores se habían esfumado.
El propietario del comercio, Marcelo G., de 49 años, también acudió al local para tropezar con la
ingrata noticia de que los intrusos habían vaciado una buena cantidad de joyas expuestas para la
venta. Hasta anoche, la policía no había precisado el monto sustraído ni el valor de las alhajas
robadas. “Todavía el dueño del negocio no nos refirió el monto ni extendió un
inventario”, explicó un portavoz de la comisaría 1ª, que controla la zona donde ocurrió el
atraco. El vocero aclaró que los ladrones no pudieron engrosar aún más el botín porque el
dispositivo de seguridad se puso en funcionamiento y tuvieron que marcharse.
La joyería tiene una abertura enrejada, luego un pequeño sendero y detrás de
éste aparece la puerta principal cubierta con una persiana metálica. En el mediodía de ayer, el
propietario y algunos empleados ordenaban las alhajas y joyas en los exhibidores a raíz del
tremendo desorden que provocaron los malhechores. Cerca de la puerta de ingreso podía verse una
bolsa de portland o de arena y un taladro.
Un cronista de La Capital intentó conocer detalles del episodio, pero un
hombre de unos 40 años se asomó a la calle y dijo que el dueño prefería no brindar precisiones del
suceso.