Hay una vieja frase que reza “llovió a mares”. Y así fue ayer. Impresionante el agua caída en Buenos Aires. Que inundó al Monumental. Tanto que derivó en la suspensión de un partido de eliminatoria hacia un Mundial, nada menos. No menor como el de Argentina y Brasil. Que tuvo una historia. No tan larga como la lluvia. Pero si intensa como la tormenta. Así que las autoridades definieron que el clásico se juegue hoy a la misma hora e idéntico lugar. Claro. Sin lluvia. Al menos eso se espera si el pronóstico meteorológico, que afirmó que el aguacero seguía hasta la madrugada, acierta.
El agua apareció en escena desde el mediodia y transcurrió con diversa fuerza, pero desde las 18 directamente diluvió. Y a esa hora el campo era una enorme piscina, nunca visto.
Los empleados de River Plate le anticipaban a las 19 a Ovación que nunca habían visto el campo de juego tan anegado y ya a esa altura preanunciaban que el partido se suspendería.
Una hora después, los veedores de la Conmebol, el presidente de la AFA, Luis Segura, y las autoridades de la Federación Brasileña de Fútbol ingresaban al vestuario del árbitro para decidir lo que una hora antes ya avizoraban los conocedores del estadio.
Claro que antes la terna arbitral salió a recorrer el estadio por espacio de diez minutos, como está estipulado por reglamento, que fueron suficientes para decidir la suspensión para hoy.
En simultáneo, desde la parte posterior del sector de prensa se observaba en el exterior la avenida Udaondo convertida en un brazo de agua como si naciera en el río de La Plata.
Los jugadores asomaron recién a las 20.30 y recibieron una ovación de los cientos de hinchas que desafiaron la adversidad y que querían que se juegue de todas formas, demostrando que hay esperanza en la recuperación.
La selección de Brasil pretendía disputar el partido hoy a las 14 para no modificar la hoja de ruta, pero ese horario fue rechazado por la AFA en virtud de las incomodidades que generaba en todo sentido. Así se llegó a la determinación de jugar en el mismo horario programado, ya según el pronóstico metereológico, con un clima acorde, es decir normal, ya que lo de anoche fue una tempestad.
No obstante, la suspensión y su posterior reprogramación constituyeron un hecho tan extraño que los testimonios de los colegas de diferentes lares buscaban en el archivo un antecedente de semejante tormenta, y la memoria colectiva remitia al partido entre Argentina y Perú por las eliminatorias de Sudáfrica 2010, cuando ese gol de Martín Palermo sobre la hora le dio la victoria agónica y le dejó allando el camino a clasificar en Montevideo, en una noche también empapada por una lluvia torrencial, que dificultaba la visión y que quedó en el disco rígido con la imagen de Diego volando sobre el agua de pecho.
Tan inéditas fueron las circunstancias que anoche no había un periodista (salvo los de Buenos Aires) que no estuviera con celular en mano gestionando reprogramar vuelos y estadías. Pero eso ya es historia. Ahora a esperar el partido que ayer no fue.
Es hora de cambiar el clima
Gerardo Martino repetirá hoy la rutina previa al partido. Lo mismo que hizo ayer sin imaginar que se suspendería. Repasará conceptos. Ratificará ideas. Y tal vez insista con las prevenciones por tratarse de un campo rápido. Todo ello en función de un encuentro tan clásico como importante en materia de juego y puntos, como así para conseguir modificar el clima, no sólo el del tiempo, sino también el popular, ya que una victoria es indispensable para inyectar algo de confianza a la selección nacional.
La articulación del juego pensado es clave para Martino y sus jugadores. Es que este proyecto se sustenta en que el resultado es la conclusión del juego, descartando cualquier atisbo de pragmatismo.
No obstante para ello la organización táctica deberá contar con una cuota de imprevisto, ya que la posesión es el punto de partida para asociarse, pero también la asociación de volantes con delanteros será determinante para reencontrarse con el gol y así con el triunfo. Paradójicamente, y luego de una ola de críticas de determinado sector, Martino cosechó ayer el respaldo de muchos protagonistas del fútbol argentino, entre ellos Carlos Bilardo, que sostuvo que la selección necesita tiempo y enfatizó que tiene mejores jugadores que la de Brasil.
Anoche los periodistas de Brasil coincidían en señalar que el conjunto de su país con Dunga como entrenador no era el del jogo bonito sino el del “jogo práctico”, y que la magia dependía de Neymar, William y Douglas Costa.
Así las cosas, hoy se rearmará el Monumental para una nueva puesta en escena, claro que en esta ocasión los actores saltarán al campo para disputar el partido.
Sin fútbol, sin declaraciones
No hubo fútbol, tampoco declaraciones de los protagonistas. Sólo un ratito de entrenamiento para los protagonistas en el microestadio de básquet del Monumental para liberar tensiones y apuntar a llegar con energías recargadas al clásico sudamericano que finalmente se jugará esta noche. Ni el Tata Martino apareció para tirar algunas sensaciones por la suspensión. Es que el plantel se subió al micro y se fue a la concentración en Ezeiza.
Un “fulbito” reducido en el piso de parqué reemplazó a los noventa y pico de minutos que debieron jugarse en el césped del Monumental, que pareció más una lagunita debido a la cantidad de agua caída. Se preveía que esto sucedería por la intensísima lluvia y tras las reuniones entre los principales dirigentes de la AFA, la Conmebol y del arbitraje que estaba a cargo de la terna paraguaya comandada por Antonio Arias, que llegó algo tarde al estadio y enseguida coincidió con todos en la suspensión.
“El pronóstico indicaba que iba a seguir lloviendo y la cancha estaba llena de agua. Lo lamento por la gente que ya había entrado, pero esto fue algo que nadie podía prever. La AFA, Brasil, los árbitros y los veedores estuvieron de acuerdo en que no se podía jugar así”, expresó el presidente de la AFA, Luis Segura.
Por su parte, el veedor uruguayo Alvaro Silva comentó: “Era inhumano jugar bajo estas condiciones, por suerte hubo unanimidad de criterios para jugarlo mañana (por hoy, a las 21)” y agregó que “hubo dirigentes de Brasil que querían jugarlo en otro horario, más temprano, pero Segura les explicó el problema del público para acudir más temprano (se habló de alrededor de las 15) y quedó para las 21”.
“Era imposible jugar. Por reglamento hubiera tenido que esperarse hasta las 11 de la noche a ver si mejoraba, pero para la gente hubiera sido irse a la una de la mañana de la cancha, lo cual hubiese sido una herejía”, dijo Juan Carlos Crespi, vice segundo de Boca y titular del departamento de selecciones de la AFA.
Por último, el presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, reflejó que “puede verse tardía la decisión de suspenderlo, las partes estábamos de acuerdo pero hubo que recibir el visto bueno de la Fifa, que por reglamento obligaba a esperar dos horas”.