Economía

Oportunidades para la eficiencia energética en la industria argentina

El sector manufacturero argentino consume casi 25% del total de la energía del país, un tercio del total. El desafío de encarar una nueva forma de producir.

Domingo 03 de Marzo de 2019

Que "las dificultades presentan oportunidades" puede ser una frase simpática, pero corresponde completarla con la certeza de que a esas oportunidades habría que "trabajarlas" porque solas no llegan. Como a todos los sectores, también a la industria argentina le ha cambiado (creciendo inequívocamente) la "importancia" que el recurso energía venía teniendo en sus actividades. Esta realidad, traducida en la política tarifaria actual, moviliza a los protagonistas de las empresas a incorporar, como nunca antes, el análisis y las decisiones más oportunas que conduzcan a aliviar y mejorar su desempeño energético y por ende económico.

Desde un enfoque general es sabido que la energía se integra desde hace tiempo al análisis económico con su incidencia en el resultado de un negocio o en el presupuesto de una Nación. Hoy se debiera asumir que no es posible separar ese análisis del impacto que el actual modelo de consumo y generación de ese gran recurso tiene sobre la sostenibilidad, no ya presupuestaria, sino de la misma vida humana en el planeta. Sólo así se evitaría llegar a un punto irreversible del calentamiento global, como lo afirman posible los más serios estudios científicos.

En este marco se instalan las oscilantes políticas y acuerdos mundiales en pos de reducir las consecuencias del actual modelo de producción de energía (no renovables) y su consumo desproporcionado que genera las emisiones de gases efecto invernadero que alteran el equilibrio planetario mismo. Valga como referencia: la emisión de gas CO2 mundial se multiplicó x 36 en los últimos 100 (cien) años: la población x 4,5 y el consumo per cápita x 8.

En ese contexto resulta clave avanzar en al menos dos sentidos concurrentes: incentivar la sustitución de fuentes no renovables por renovables y a la vez mejorar la relación utilidad vs energía consumida bajo el concepto de la eficiencia energética (EE).


El uso industrial

Según indicadores oficiales (Balance Energético Nacional 2015) la industria argentina en su conjunto consume alrededor del 25% del total de la energía en nuestro país, cifra parecida al total consumido para uso "residencial" (28%) y cerca del uso aplicado al "transporte" que lidera con el 31% del total. Segmentando por tipo de energía puede observarse que la industria representa: casi el 40% del total de energía eléctrica consumida en el país y similar proporción del consumo de gas en redes del total nacional. De allí surge que como sector de consumo al que se pretendan dirigir acciones de mejora y eficiencia energética general con impacto, la industria es, comparativamente con los otros dos sectores, más "gestionable" por al menos dos razones: se trata de un número significativamente mucho menor en cantidad de usuarios (industrias) que en los otros sectores (usuarios residenciales y usuarios en actividades de transporte) y por el otro por tratarse, obviamente, de empresas (sean grandes, medianas o pequeñas), que incorporan por definición en mayor o menor grado, algún tipo de gestión y control de sus recursos en búsqueda de rentabilidad y sostenibilidad económica.

Eligiendo entonces al sector industrial como destinatario y actor de estrategias de eficiencia energética cabe observar que la energía eléctrica consumida en la industria es principalmente aplicada al funcionamiento de motores eléctricos en sus diversos usos.

Puede decirse que la EE es la relación entre producción y consumo energético y que el aumento de la EE se puede alcanzar manteniendo un mismo nivel de producción pero con un menor consumo energético o logrando un mayor nivel de producción con igual consumo energético sin afectar la calidad del producto final. Se puede identificar entonces un indicador de eficiencia del sistema productivo: la energía consumida por unidad de producto conocido como Intensidad Energética (IE). Como ejemplos de unidades: Kwh/Un; Kwh/m; Kwh/kg; TEP/PBI, etc.

Las medidas necesarias para lograr la eficiencia energética requieren inversión, pudiendo ser éstas grandes desembolsos de capital para la adquisición de nueva tecnología o de baja inversión como las mejoras en el proceso productivo, mantenimiento de los equipos e inclusive capacitación del personal para concientizarlo de la necesidad de hacer un uso racional de la energía.

En el menú de estrategias de menor inversión posibles de aplicar para la mejora de la EE en la industria se debiera recurrir a herramientas que se permitan concretamente: medir, gestionar y controlar indicadores clave de consumo energético. Se imponen tareas como: relevar equipos y sus consumos con criterio de "Pareto" (ABC) para priorizar esfuerzos ("revisión energética"); identificar "patrones" de comportamiento del sistema productivo en relación al consumo de energía, trazando una adecuada correlación entre esas variables (determinando "unidades equivalentes", suavizando estacionalidad, ajustando dispersión). Se podrá así establecer una "línea base energética" como la función que representa al "sistema de consumo de la empresa" (concepto aplicado en el modelo ISO 50001) para gestionar la mejora y analizar futuros ahorros por eficiencia con una base de comparación objetivamente válida.


Beneficios

Bajo este panorama, las empresas podrán tener interés en invertir en proyectos de eficiencia energética y obtener sus beneficios económicos, pero para lograrlo es importante saber identificar las inversiones necesarias; esto es: hacer un correcto análisis de ingeniería, con las herramientas para el diagnóstico energético, evitando el simple cambio de equipos sin tener en cuenta factores como la relación consumo-producción, la energía no asociada a la producción e índices de consumo que reflejen los verdaderos costos energéticos.

Ampliando el concepto de gestión de la energía con un enfoque sistémico puede observarse que es la eficiencia integral del sistema de producción la que determina la eficiencia energética: un equipo eficiente que no se gestiona como recurso crítico puede dar indicadores de consumo energía/producto ineficientes. Sería el caso de un equipo que opera con alta eficiencia técnica (tecnología eficiente), pero no es gestionado en sus resultados (producto) en forma eficaz: por paradas, baja productividad, defectos, etc, por lo que su eficiencia en términos de intensidad energética (kwh/unidad) será baja.

Una reglamentación del Ministerio de Energía y de Producción de la Nación (1-E/2017) fijó beneficios de reintegros en la tarifa eléctrica de las empresas categorizadas como electrointensivas para rubros de actividad como: fundición de metales, acerías, industria del vidrio, fabricación de termoplásticos, industria maderera, entre otras.

El acceso a este incentivo fue establecido bajo requisitos obligatorios de iniciar o en casos profundizar medidas de mejora en la EE en las empresas beneficiarias, llegando en casos a la obligación de certificar SGEn bajo ISO 50001, acciones que en muchos casos pudieron ser asistidas con apoyo de ingeniería externa.

Sobre esa experiencia, difundió algunos datos del relevamiento que las propias empresas debieron registrar e informar. Entre ellos se destaca que de 665 empresas electro-intensivas inscriptas, las que en su revisión energética identificaron unos 60 mil motores en operación en plantas industriales, el 50% de los mismos son de eficiencia clase IE0 (los de más baja EE). El consumo anual de estos 60 mil motores hoy requiere una potencia instalada de unos 1,5 GW, equivalente a dos Centrales como Atucha.

Se presenta ahí una clara oportunidad de mejora tecnológica en EE y con impacto medible: el recambio de motores clase iE0 por otros de clases más eficientes y/o la instalación de variadores de velocidad, que podría ser promovida con herramientas de financiamiento con tasas y plazos accesibles.

Programas locales

En el plano de las industrias santafesinas hay valiosas iniciativas que se vienen ejecutando en esa dirección como el Programa de Eficiencia Energética en Pymes para la realización de los primeros diagnósticos energéticos de sus procesos productivos. Se trata de una acción conjunta entre el Ministerio de Producción de Santa Fe por la cual se otorgan subsidios a pymes para la realización de dichos diagnósticos por profesionales matriculados.

Estas acciones equivalen a "inaugurar" nuevas centrales de generación de energía "invisibles" y que además no generan emisiones de CO2.

Invertir en eficiencia energética conlleva beneficios tanto económicos como ambientales, es por esto que las empresas y gobiernos tienen creciente interés en invertir en ella. Sin embargo aún son incipientes los pasos dados y deberían profundizarse el conocimiento sobre sus reales beneficios y las herramientas aplicables para analizar las inversiones adecuadas.

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