Economía

Los duros años por venir

La Argentina en los últimos 8 años vivió 5 con recesión y 3 años con expansión.

Domingo 23 de Septiembre de 2018

La presentación del presupuesto 2019 y sus proyecciones dio lugar a muchas opiniones, trataremos de desagregar el análisis para llegar a conclusiones que no permitan tomar decisiones en materia económica y financiera.

La Argentina en los últimos 8 años vivió 5 con recesión y 3 años con expansión. La dinámica de convivir con déficit fiscal, alta inflación y tipo de cambio bajo nos llevó a un escenario económico desfavorable para los intereses del país. La inversión y la exportación estuvieron ausentes, y el consumo no alcanza para dinamizar el crecimiento.

El gobierno de Mauricio Macri implantó un plan gradualista que fracasó y nos dejó en un escenario muy delicado, ya que emergieron los problemas estructurales y el mercado no desea financiar a Argentina en este contexto.

En este escenario, el gobierno decide tomar el toro por las astas, y propone un presupuesto 2019 con déficit 0, esto implica que los ingresos y gastos queden igualados, y solo se financie el pago de intereses. Para los años sucesivos desde el 2020 al 2022, se propone un superávit primario de 1 por ciento del PBI.

Hasta aquí el presupuesto en forma taxativa. Sin embargo, estas medidas traen consigo externalidades negativas y positivas que debemos conoce, y tomar como dato para planificar la vida comercial.

El ajuste presupuestario a déficit 0 se realizará, con una baja muy pequeña de gastos, y una suba muy fuerte de impuestos. El impuesto que más impacta en la vida económica es el aplicado a las exportaciones, ya que cambian la planificación de negocios de los exportadores. Si bien la suba del tipo de cambio le reporta buena rentabilidad a quienes venden al exterior, hay situaciones puntuales que no se han tenido en cuenta, y pasan por el complejo agroexportador.

La soja bajó. En el gobierno de Cristina cotizaba en Chicago a u$s 480 la tonelada (promedio) y tenía una retención del 35 por ciento. En la actualidad la soja cotiza u$s 300 la tonelada y tiene una retención del 29 por ciento, esto implica que ni un tipo de cambio en $ 50 la hace rentable, máxime en los lugares donde no supera los 30 quintales de rendimiento. La ignorancia de la clase política en este tema, hace que irresponsablemente se condene a muchos productores que no saben cómo proceder, y poner en riesgo la viabilidad económica de muchas tierras productivas lejanas a puerto. La zona núcleo con rindes superiores a los 40 quintales y cerca de puerto es otra realidad económica, pero tampoco luce holgada.

Hace un año atrás, el gobierno presentaba un presupuesto 2018 en donde decía que el crecimiento sería del 3,5 por ciento del PBI, y que eso se repetiría en los años venideros.

En el presupuesto 2019 nos dice que en el año 2018 la caída del PBI será el 2,4 por ciento, en el año 2019 la caída será del 0,5 por ciento, en el año 2020 creceremos el 2,8 por ciento, en el año 2021 el 3,0 por ciento y en el año 2022 el 3,5 por ciento. Para volver a crecer a una tasa razonable del 3,5 por ciento deberíamos esperar al año 2022.

La caída del consumo privado persistiría en el año 2019, y recién lograríamos una mejora en el año 2021. En lo que respecta al consumo público dejaría de caer en el año 2021, para mantenerse congelado desde año en adelante. El comercio sentirá fuerte el ajuste, es el primer empleador de la Argentina.

La inversión mostraría una fuerte baja en el año 2019, año electoral en donde las expectativas estarán congeladas, y recién en el año 2020 podríamos observar una mejora importante.

Las exportaciones son las que mejor reaccionan en este escenario, dado que la suba del tipo de cambio nos hace sumamente competitivos. Las importaciones caen abruptamente, y dan lugar a un proceso de sustitución de importaciones que en algunos rubros es beneficioso para el país. Este es un cambio positivo, pero representan el 12 por ciento del PBI y no pueden constituirse en locomotora con tan baja participación en la economía.

En resumen

El presupuesto 2019 trae consigo mayor presión tributaria que es nocivo para la actividad económica en el mercado interno, la exportación y afecta la inversión. El déficit cero le pone un techo al crecimiento de la deuda pública. Esto les pone fin a décadas de desfinanciamiento, es un cambio estructural que disfrutaremos a futuro, pero en el corto plazo será un ajuste muy duro a soportar por muchos sectores de la sociedad.

Hay un cambio brutal en la forma de hacer negocios, con lo cual hay estructuras que están sobredimensionadas, esto nos llevará a un escenario de mayor cantidad de suspensiones y desempleo, con consecuencias sobre el consumo interno.

El gobierno estimó el presupuesto con un dólar promedio para el año 2019 en $ 40,1 . Entiendo que si hubieran tomado un dólar más elevado las proyecciones sobre la actividad económica serían mucho peores que las proyectadas, pero sigue sin mostrar la realidad. Nadie en su sano juicio se cree que el dólar estará a ese precio para el promedio del año 2019. La inflación del año 2019 está proyectada en torno del 34,8 por ciento anual.

Si el gobierno proyecta una inflación del 34,8 por ciento y desea mantener el tipo de cambio competitivo, para fines del año 2019 el dólar debería cotizar como mínimo en torno de $60, si estimamos que en el año 2018 termina en $ 45.

El camino es muy difícil. Argentina necesita dos cosechas buenas, y un cambio de gobierno para recomponerse de esta crisis. Todo está en el marco de seguir en el camino de ajuste fiscal, equilibrio en las cuentas y volver a los mercados voluntarios de crédito.

El tipo de cambio en $ 40 luce alto, pero no vemos inversores dispuestos a vender dólares a este precio, y la última palabra la tiene el mercado. No parece, por ahora, haber encontrado un techo.

En el largo plazo me quedo con una mirada positiva. El gobierno está atacando los dos graves problemas del país, la corrupción y el desmanejo de las cuentas públicas. Llevara 3 años volver a crecer a una tasa del 3,5 por ciento anual. Lo que cuesta vale. Necesitaremos cohesión de la clase política para llevar las reformas adelante, un gran apoyo de las instituciones, y que el pueblo acompañe. Una vez más se le pide el sacrificio a los que menos tienen.

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