Economía

La rebelión de los tamberos

El coyuntural reclamo de los tamberos de negarse a aceptar el precio oficial de 0,78 por litro de leche, abrió un debate en el cual tanto industria como gobierno debieron asumir responsabilidades compartidas.

Domingo 16 de Diciembre de 2007

En la lechería el árbol no tapó el bosque, sino por el contrario, sirvió para empezar a mirarlo con mayor atención. El coyuntural reclamo de los tamberos de negarse a aceptar el precio oficial de 0,78 por litro de leche, abrió un debate en el cual tanto industria como gobierno debieron asumir responsabilidades compartidas.

Los tamberos llevaron al extremo el reclamo y bloquearon usinas “no sólo por los precios” —argumentaron en todo momento— sino por la definición de una política lechera de largo plazo y el cumplimiento de los acuerdos firmados entre industria y productores en diciembre de 2006 y enero de este año.

Por eso, lo que muchos trataron de encuadrar como una disputa de ingresos de cortísimo plazo (el precio que recibirán por la materia prima en diciembre), en el fondo reavivó la discusión sobre las pactos incumplidos. Y en ese punto, los productores apuntan sus cañones en primer lugar hacia la industria, a la que acusan de hacer lobby con el gobierno y a éste de aceptar mansamente la voluntad de las fábricas, o cuanto menos, por no actuar como un mediador ecuánime entre las partes. “El gobierno no tiene que resguardar el interés de la industria y en todo caso si interviene, tendría que hacerlo en defensa de los productores”, señaló Gustavo Vionnet, integrante de la Mesa Provincial de Lechera por Carsfe.

Por eso, lo que a priori sirvió como disparador de un conflicto de precios logró destapar los reclamos más profundos que el sector viene realizando en los últimos cinco años como “cambiar la forma de fijar los valores de la materia prima, tratar de trabajar sobre los volúmenes de leche que vamos a producir y transparentar la cadena”, explicó el secretario de la Mesa Provincial, Ricardo Garnero.

Se trata, ni más ni menos que una puja por la distribución de los ingresos en la cadena en un momento en que la lechería argentina atraviesa una situación excepcional de cara al mercado externo, donde la tonelada de leche en polvo subió en seis años de 1.650 dólares a 5.500 dólares, pero con un escenario interno sesgado por el aumento de las retenciones a las exportaciones y la fijación de un precio de corte que arrancó en los 2.100 dólares y en estos días tocó los 2.775.

El achique

En este delicado equilibrio de intereses la industria también salió afectada. Según los datos de la Secretaría de Agricultura de la Nación (Sagpya), el volumen de las exportaciones lácteas (todos los productos) en el período enero-octubre 2007 cayó 27,9% respecto del mismo período del año anterior, mientras que medido en dólares, el retroceso fue del 10% en el mismo período.

Con un dólar competitivo y un mercado externo altamente demandante, en buena parte por el traspié de los principales productores como Australia y Nueva Zelanda, los cálculos privados indican que la industria desaprovechó una oportunidad inédita y le ponen un número: las ganancias podrían haberse multiplicado por nueve, argumentan.

Sin embargo, en esta puja algunos perdieron más que otros. En este punto se ubican los tamberos, un sector que considera siempre está ajeno en el reparto de la torta. “La industria debe reconocer los costos de producción y más allá de la fijación de precios que realiza, saber que la renta y la distribución del dinero se debe transparentar”, expresó Garnero.

En cambio, la industria fue protagonista de una avanzada de grupos inversores externos que fueron metiéndose en un negocio que todas las luces aparece como muy rentable. En ese contexto se inscriben el ingreso de jugadores como Fonterra (Nueva Zelanda) o Nestlé que tienen un joint venture con Sancor para la fabricación de su línea de yogures o la canadiense Saputo que adquirió a Molfino o la francesa Bongrain que adquirió un 40% de la santafesina Milkaut.

Como contrapartida, en menos de cinco años de 60 mil tamberos sólo sobrevivieron 12.500, según datos del Inta Rafaela y ratificado por los dirigentes de la Mesa Nacional de Lechería.

Según datos de la Asociación Criadores de Holando Argentina (Acha) en el sector trabajan alrededor de 90 mil personas en todo el país, 55 mil en forma directa, lo que le imprime a la actividad tambera una singularidad: es un trabajo en equipo, de características familiares que contribuye a reforzar los lazos sociales en las regiones que están instalados.

El impacto en Santa Fe

El impacto de la crisis del sector tambero le da un duro golpe al corazón productivo de Santa Fe. Según datos del Ministerio de la Producción al año 2005 existían en la provincia 4.591 tambos, con un rodeo que superaba el millón de cabezas entre vacas y vaquillonas y terneras, con mayor densidad en los departamentos Castellanos (1.298 tambos), Las Colonias (1.199) y San Cristóbal (741).

Así, en territorio santafesino se ubica el 30 por ciento de los establecimientos tamberos del país que son los responsables de más del 40% de la producción de leche.

Según un informe técnico de la Mesa Provincial presentado a mitad del año pasado, “en los cinco primeros meses de 2005 la producción acumulada de leche era de 2.030 millones de litros, mientras que en igual período de 2006 subió a 2.229 millones, casi 200 millones de litros más”.

La concentración

Sin embargo, esto estuvo acompañado de una concentración del sector. Entre mediados de año pasado e igual fecha de 2005 el número de tambos cayó 3,6% en la provincia, un fenómeno que se había detenido en los últimos años después de la grave crisis de fines de los 90.

El informe señalaba además alto grado de concentración de la actividad, sumado a alto nivel productivo que registra el sector, produce una transferencia de recursos de la producción primaria a otros eslabones de la cadena.

Aunque para muchos no hay vuelta atrás — “cuando un tambo se cierra es muy difícil que se vuelva a abrir”, repiten a coro los tamberos— y la soja se presenta como el escenario más cercano para la rentabilidad, los que aún quedan en pie se mostraron dispuestos a poner todo el esfuerzo en retener a los productores en la actividad y seguir peleando espacios de poder en una cadena donde todos los jugadores no tienen el mismo peso.

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