Este lunes 27 de julio llega un nuevo aniversario del nacimiento del profesor Carlos Eugenio Dieulefait, que la gratitud de sus discípulos ha convertido en el Día Nacional de los Estadísticos.

En el Día Nacional de los Estadísticos, un recorrido por la evolución de una disciplina que pasó de los cálculos matemáticos a convertirse en uno de los pilares de la inteligencia artificial y de la toma de decisiones
La UNR fue pionera en la carrera de estadística.
Este lunes 27 de julio llega un nuevo aniversario del nacimiento del profesor Carlos Eugenio Dieulefait, que la gratitud de sus discípulos ha convertido en el Día Nacional de los Estadísticos.
Promediaba el siglo pasado y el mundo se agitaba, prologando una época de profundos cambios sociales, económicos y tecnológicos, y una profunda transformación cultural que aún continúa evolucionando. En ese crisol se fraguaba la nueva amalgama de creencias, ideas y saberes que cimentarían la nueva trama de instituciones, procesos y conceptos que impactarían profundamente en la familia, en la educación, en el trabajo, y que serían reflejados en el arte, desde Picasso hasta Bergman, desde Ortega y Gasset hasta Dalí.
La sensación de fragmentación y ruptura atravesó ese tiempo, y aún perduran los remezones y las réplicas de aquellos sismos.
Un factor se destacaba nítidamente en medio de aquellos días: la incertidumbre tomaba cuerpo y un rol protagónico en la vida social. Desde el terror pánico a la bomba hasta la conceptualización y medición de la pobreza, el desempleo y la inflación. En el primer caso, la conciencia de la muy posible desaparición del mundo conocido; en los otros, la plena conciencia de los riesgos de la vida en sociedad. En todos los casos latía un saber que se había incubado en las primeras décadas del siglo, después de una larga historia de preparativos y ensayos.
La estadística no irrumpió en el escenario público en forma espectacular. Fue gestando su influencia desde algunos círculos intelectuales, sostenida en sus primeros pasos por el aporte de matemáticos brillantes, mostrando resultados útiles tanto en la industria como en la información pública.
Cuando el desarrollo de la computación facilitó el procesamiento electrónico de datos, la estadística encontró el músculo necesario para emerger con toda su potencia en la vida social. Eso se puso de manifiesto en el histórico nacimiento del método de Montecarlo, gestado por la unión de la estadística y la computación electrónica, en el laboratorio de Los Álamos en 1948.
Finalmente, la sociedad contaba con los instrumentos que le permitieran lidiar con la incertidumbre. Las tecnologías de la información y de las comunicaciones le dieron a la estadística una capacidad de cálculo para enormes masas de datos. Las comunicaciones tendieron redes que permitieron acumular esas masas de datos, una tras otra.
Pero lo que tardó en ser reconocido fue el poder generativo de la estadística. Ese poder nace de la capacidad reveladora de las propiedades de los conjuntos, que se expresa gráficamente como "ver el bosque". Así, la conversación pública trata de la pobreza, de la inflación, del analfabetismo, de la mortalidad, las epidemias, la fecundidad, y podríamos prolongar la lista. Cada concepto toma cuerpo en alguna forma numérica: tasa, razón, proporción, cantidad o porcentaje. Con esos valores se anima el debate, y la estadística presenta su expresión más completa como el arte de la argumentación con evidencia.
Después de reptar durante siglos reuniendo trabajosamente datos y aprendiendo a observar y medir, su tiempo de crisálida fueron décadas dentro del capullo matemático, hasta llegar a su tiempo glorioso como disciplina transversal, en la que convergen la lógica y la matemática, la ciencia en todos sus niveles y ramas, y el arte de la representación y la visualización. Todos afluentes del gran río del lenguaje, cuyo poder imponente refleja hoy la inteligencia artificial. Los LLM nos deslumbran como modelos diseñados sobre el lenguaje natural. ¿Qué deberíamos sentir, entonces, con respecto al lenguaje humano, en sus distintos idiomas, alfabetos y escrituras?
Con muchos colegas extrañamos la relativa falta de prensa que tiene la estadística en esta época de ciencia de datos. Personalmente, creo que no debemos preocuparnos por eso: la estadística ya se ha instalado como fundamento, como cimiento de la cultura. Enerva todo el cuerpo social, fortaleciendo las capacidades naturales para enfrentar la incertidumbre y el riesgo que atraviesan todas las dimensiones de la vida humana.
Lo que necesitamos es un grado mayor de conciencia que reconozca ese hecho. Es fundamental que la educación asuma ese compromiso, introduciendo el conocimiento de lo que es la estadística hoy: íntegra e influyente, tal como lo acabo de describir.
Gracias, profesor Dieulefait, por haber tejido, junto con otros grandes matemáticos, el capullo que permitió a la estadística volar. Gracias por haber fundado en Rosario la primera escuela de estadística universitaria en lengua española, y por habernos introducido tempranamente en este camino maravilloso. Gracias por haber salido tan pronto, ya entonces, del gabinete del sabio, para reunirse con quienes trabajan y producen, en aquellos encuentros periódicos en La Querencia.


