Una vez más queda demostrado que lo que no se disputa, no se gana. El premio Nobel de Economía para la profesora estadounidense Claudia Goldin por sus investigaciones sobre las mujeres y el mercado laboral, es el corolario -o quizás un mojón más- de una lucha que las militantes de la economía feminista vienen dando desde hace mucho tiempo para develar las desigualdades y las brechas que persisten en términos de género, aún en una sociedad en la que se fueron ganando derechos educativos y reproductivos. Es también, el fruto de esa insistencia que pasa en forma dialéctica de las calles a las cátedras y viceversa. Y que ratifica a nivel global un fenómeno que candidatos como Javier Milei se empeñan en denostar.
En Argentina, a fines del primer trimestre de este año la brecha de ingresos totales entre varones y mujeres era de casi el 28%, y el 69% de las tareas domésticas no remuneradas estaban feminizadas, según datos oficiales. Al mismo tiempo, en el mercado laboral, las mujeres que logran ingresar cobran en promedio 25% menos que los varones si su trabajo es formal, mientras que la diferencia asciende a 35,8% si están en negro.
Como todo promedio es amañado. Las cifras esconden en su interior grietas más profundas vinculadas a la calificación laboral o al nivel educativo. Mientras una mujer profesional cobra en promedio 23,6% menos que su par varón, para quien no lo es la brecha asciende al 42,3%. Lo mismo ocurre para una universitaria que percibe 25,8% menos que un hombre, pero esta diferencia sube abruptamente al 48% si sólo cuenta con nivel educativo primario.
“La economía feminista tiene su primer Premio Nobel, Claudia Goldin es la tercera mujer en llevarse este reconocimiento, por sus estudios sobre mujeres y mercado laboral, esas famosas brechas de género de las que hablamos hace tanto”, dijo en la red social X Mercedes D'Alessandro, economista y quien fuera la primera Directora Nacional de Economía, Igualdad y Género _que hoy conduce Sol Prieto_ en el Ministerio de Economía de la Argentina, un país que en los últimos años instaló en la agenda económica la problemática y le dio un lugar en la definición de políticas públicas. En algunos casos con temas tan cotidianos como el costo de los productos de gestión menstrual que, muy a pesar de los vulgares cuestionamientos de algunas legisladoras provinciales, permiten poner en valor las brechas económicas entre varones y mujeres, como tan bien explican las economistas de Ecofeminita, la organización interdisciplinaria creada y liderada por mujeres, que tanto aportan al debate con datos y conocimiento genuino.
En medio de las fuertes tensiones emanadas de la puja distributiva que atraviesa, la Argentina también se permitió poner una lupa más fina. Encaró la primera Encuesta Nacional del Uso del Tiempo en 2021 y difundió esos resultados a fines del año pasado a través del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). También desde 2021 tiene Presupuesto con Perspectiva de Género (PPG), a través del cual busca erradicar la histórica práctica de asignar recursos hacia un área específica _ generalmente feminizada como son las que componen desarrollo social_ e interseccionar el uso de los fondos entre los distintos sectores. Con mejores o peores resultados, las herramientas están. Y es otro logro más en la disputa por producir conocimiento con perspectiva de género.
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El premio de la Real Academia Sueca de Ciencias a Goldin es un reconocimiento a una voz académica que “proporcionó el primer relato completo de los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral a lo largo de los siglos”, destacaron desde la institución, un camino que vienen recorriendo hace décadas teóricas de distintas corrientes de pensamiento, como Silvia Federici, quien con su “Calibán y la Bruja”, “Revolución en punto cero” o “El patriarcado del salario”, puso en cuestión el trabajo doméstico no remunerado y lo definió como ese conjunto de actividades esenciales para la reproducción de la vida que es apropiado por el capitalismo.
Pensamiento que más acá en el tiempo y el espacio, también retomó la economista y docente argentina Corina Rodríguez Enriquez, quien en las aulas de la UBA, a través de su cátedra "Economía y Género" de la Facultad de Ciencias Económicas, instaló el estudio de las dinámicas de reproducción de desigualdades socio-económicas y de género.
Todas ellas y muchas otras, como Luci Cavallero y Verónica Gago, que aportaron un análisis esclarecedor sobre las mujeres y el endeudamiento en su publicación “Una lectura feminista de la deuda”, son parte, junto a la premiada Claudia Goldin, de ese universo de mujeres produciendo saberes desde el feminismo con la intención de echar luz sobre una desigualdad por siglos naturalizada y sobre las que todas decimos ¡Basta!
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