
El economista coordinador del Instituto Estadístico de los Trabajadores, analizó los datos del IPC de marzo.
El economista Fabián Amico, del Instituto Estadístico de los Trabajadores.
El Indice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo presentó una suba del 11%. Bastante lejos de aquel 25,5% de diciembre, el mes de la megadevaluación. Esta moderación podría hacer pensar en que el escenario económico se está acomodando. Pero el análisis no es tan lineal. Fabián Amico, economista del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet), advirtió que este proceso está basada en dos acciones del gobierno cuya sostenibilidad está en disputa: los cepos cambiario y salarial.
Amico consideró “bastante lógica” la desaceleración de los precios de los alimentos porque están vinculados al dólar, al que el gobierno mantuvo “casi quieto después de la gran devaluación de diciembre”. Pero ahora empieza a cobrar relevancia la inflación de los precios regulados, las tarifas de los servicios públicos, la salud y la educación. Hacia adelante, le ponen un freno a la desinflación, por dos vías: “Una directa porque aumentan el costo de producción y otra indirecta, por el alza del costo de la canasta de consumo de los trabajadores, que impacta en los salarios, que también son costos de producción”.
El referente del área estadística de la Umet, la casa de altos estudios que nació en 2013 y es la primera impulsada y congestionada por más de 70 organizaciones sindicales, restó importancia a la recesión en marcha como disciplinadora de precios. “En Argentina no hay ninguna relación sistemática de la inflación con la demanda agregada; somos campeones en experiencias históricas de grandes devaluaciones que fueron inflacionarias con caída de actividad”, explicó.
A su juicio, “lo que ocurrió fue que en diciembre hubo una gran devaluación con un salto inflacionario, el comienzo de una recesión y el gobierno clavó el tipo de cambio”. Para adelante, opinó, la suerte del proceso inflacionario va a depender de lo que el gobierno haga con el precio del dólar.
“El gobierno ahora está diciendo, a contramano del Fondo Monetario, de Cavallo y de todo el mundo, que va a mantener el tipo de cambio oficial en la pauta que estableció hasta ahora”, describió. Pero el ancla cambiaria “no se puede sostener si después no se desplaza a un ancla salarial, y eso es lo que está intentando hacer el gobierno ahora”, agregó. Básicamente “el único precio controlado de la economía va a pasar a ser el salario”.
“Ahí cobra relevancia que el gobierno está consiguiendo estos resultados, no a costa de un mayor liberalismo sino a costa de una mayor intervención en el mercado cambiario y en las paritaria, Massa es un liberal al lado de estos”, subrayó en diálogo con el programa radial La Banda Cambiaria.
Para Amico, sostener la estabilidad cambiaria es complicado porque es fruto de una medida que se contradice abiertamente con la política del gobierno, como es redoblar el cepo. “Este tipo de cambio se mantiene porque se intensificaron los controles, no se pagan importaciones, se induce a liquidar la cosecha en el mercado paralelo, y es paradójico porque son medidas que el gobierno promete no mantener hacia adelante”, dijo. El economista del IET consignó que el escenario se puede modificar si el gobierno libera el mercado cambiario, que es lo que la política quiere hacer. “Ahí empezamos la historia de nuevo con la inflación”, alertó.
El FMI reclama contra el atraso cambiario, que “no es tan importante en el contexto de los problemas de la economía argentina” pero está en la agenda. “La política del gobierno exige que se cumpla el discurso de la competencia de monedas pero los acreedores que ven que este mayor control permitió acumular una cantidad de reservas, que ven como suyas”, dijo.


