Economía

El problema del financiamiento es la confianza

Los distintos caminos para salir del déficit fiscal crónico e impulsar un crecimiento de la inversión.

Domingo 19 de Agosto de 2018

Los argentinos no invierten en Argentina, tampoco la financian, se llevan el dinero afuera y nos quejamos cuando no llega dinero del exterior. Dependemos mucho de variables exógenas.

La Argentina de los últimos meses vive discutiendo fanáticamente si vamos o no a un corralito de lebac o plazo fijo, si pagamos o no la deuda, o si la crisis de los cuadernitos es peor al lava jato de Brasil que en dos años el PBI cayó el 7,0%. La mirada sobre el pasado y su proyección sobre el futuro es errónea, sin embargo, analistas de primer nivel, inversores locales e internacionales, empresarios y políticos traen a la mesa dichas preocupaciones, que terminan convirtiéndose en agenda política y económica, sin analizar el mediano y largo plazo.

Para salir de esta trampa, nos proponemos trazar los problemas estructurales del país, y veremos que la salida está en nosotros mismos. La Argentina cae en los mismos problemas siempre, gasta por encima de los ingresos, y esto deriva en un déficit fiscal crónico que debe financiarse, y se pueden tomar varios caminos:

a) Vía emisión monetaria, como ocurrió bajo el gobierno de Cristina Fernández, lo que derivó en problemas inflacionarios, que nos llevaron a convivir durante varios años con una inflación del 25% anual, y que no fue más alta porque se ancló el precio de las tarifas, combustibles, y se prohibió la exportación de carnes, privilegiando la mesa de los argentinos.

b) Financiar el déficit vía endeudamiento. En este caso debemos destacar una restricción, los argentinos tienen ahorros, pero no financian al Estado. Los argentinos tienen como premisa ahorrar en dólares o comprar propiedades, no colocan todos sus excedentes en el sistema financiero, y menos en el Estado. Cuando el país tiene déficit fiscal, tiene que financiarlo con ahorros del exterior y allí es cuando ingresamos al club de los emergentes, grupo de países de similar estatus crediticio. Cuando uno de estos países tiene un problema, el crédito se corta para todos, los inversores bajan su exposición, y pasado un tiempo revisan los fundamentos de cada país, y lo recalifican.

El problema de depender de ahorros externos, es que el mundo te impone una alta volatilidad, muchas veces no deseada, lo mejor sería convivir con una variable controlada, que sería financiarnos con el ahorro de los argentinos.

La Argentina tiene un déficit fiscal de u$s 25.000 millones por año, y los argentinos tienen ahorros en el exterior por u$s 353.000 millones, por ende, podríamos financiar nuestro déficit 14 años seguidos, pero estamos esperando ver si conseguimos u$s 7.500 millones para ver si cerramos las necesidades de financiamiento del año 2019 y nos quedamos tranquilos. Lo que nos falta es un poquito más del 2% de lo que los argentinos tienen afuera.

El escenario ideal a futuro, sería que Argentina con todos sus ingresos financie la totalidad del gasto público (incluido el pago de intereses), para que ello ocurra, deberíamos subir los ingresos un 28%, o reducir los gastos el 22%. Es un cálculo matemático, exento de ideologías. De lo contrario, debemos financiar el ahorro nosotros mismos, y de manera voluntaria. Cualquier camino alternativo sería un atajo, que probablemente nos aleje del objetivo ideal.

Como muchos gastos son inflexibles a la baja, porque son gastos que se gestaron a través de derechos adquiridos como por ejemplo las jubilaciones, deberíamos trabajar más en subir los ingresos. Para ello, necesitamos inversión, pero como los propios argentinos no tenemos confianza para invertir, los extranjeros, tampoco.

Para hacer crecer la inversión sería deseable un incentivo fiscal, que sería una rebaja sustancial de impuestos, por región y actividad, a las nuevas inversiones, por un plazo de 10 años. Esto podría generar la llegada de dinero que inicie nuevos proyectos, genere empleo, dinamice el consumo y nos permita incrementar los ingresos fiscales, por las externalidades positivas que genera la nueva inversión.

En la actual coyuntura el gobierno está llevando adelante un proceso de reestructuración del Banco Central que dará sus frutos en 2019, los esfuerzos que hoy se realizan y las volatilidades que existen, no son repetibles si el proceso de reformas se completa en forma exitosa. Las tasas tendrán un horizonte descendente, y el dólar dependerá de variables exógenas, hasta tanto Argentina no logre seducir a los argentinos para autofinanciarse o lograr el equilibrio fiscal.

El problema es de confianza, no es político ni económico. Con Cristina no le prestábamos dinero al Estado, y con Mauricio tampoco. Con Cristina comprábamos dólar en el mercado informal (había cepo) y con Mauricio compramos dólares oficiales. En ambos casos se invierte en propiedades, el mercado de capitales no existe, la inversión es baja y hay menos emprendimientos. Los argentinos, ¿qué queremos hacer con el país? ¿Invertimos o seguimos acopiando dólares?.

Mientras tanto, si las tarifas se siguen ajustando tendremos inflación asegurada a la suba. En la medida que no se terminen de desarmar las lebac las tasas seguirán altas. Hasta tanto no llevemos adelante un proceso de reformas estructurales en el Estado, se devaluará el peso para lograr resultados fiscales acordes a las metas firmadas con el FMI. Las acciones y bonos están subvaluados, no creemos que haya default, pero la volatilidad manda, hoy están a precios bajos, es una montaña rusa, podemos subir, pero a futuro volver a bajar. Esto es Argentina.

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