Economía

Desconfianza y riesgo país

Terminado el tercer año de gobierno de Mauricio Macri los mercados descreen que pueda renovar por cuatro años más como presidente.

Domingo 16 de Diciembre de 2018

El mundo desconfía de Argentina. Terminado el tercer año de gobierno de Mauricio Macri los mercados descreen que pueda renovar por cuatro años más como presidente. Tampoco saben quién podría gobernar el país a partir de diciembre de 2019. En ese escenario, por las dudas, venden bonos argentinos.

En 2016 el gobierno anunció un blanqueo de capitales. En 2017 se blanquearon u$s 116.800 millones, de los que una buena parte se direccionaron a compra de bonos argentinos. En 2018 el gobierno y el Congreso aprobaron una reforma tributaria, en donde se le cobra el 15 por ciento de impuesto a la renta financiera en dólares. Es la crónica de una baja anunciada: defraudados, los inversores se fueron de los títulos que adquirieron, le esquilmaron una parte de las ganancias proyectadas, y así partieron en busca de otras inversiones, en otros mercados, más confiables.

El mundo financiero que compró bonos argentinos en 2016 con la llegada de Macri al poder, ya perdió más del 10 por ciento, esto implica que es momento de dejar de comprar. Entre los que lo hacen por ser una mala inversión, y los que venden por temor a lo que puede venir, los bonos argentinos tienen una tasa de retorno en dólares, que en algunos casos llega al 13 por ciento anual.

Si medimos las inversiones en pesos, un bono como el PR15 rinde el 80 por ciento anual, y un bono que ajusta por inflación puede rendir más el 10 por ciento adicional. El clásico plazo fijo por un monto mayor al millón de pesos, paga una tasa del 50 por ciento anual. No hay inversión posible con este escenario financiero.

El presidente del Banco Central lleva adelante una política monetaria, en donde congela la cantidad de dinero en la economía. Esto implica que la base monetaria es siempre la misma, y no hay emisión monetaria. Esto lleva a un escenario extremadamente recesivo. No hay dinero en el mercado, pero la desconfianza es tan grande que la tasa de interés no baja, y si amaga a descender sube el dólar, y consecuentemente la inflación no cede. En conclusión, estamos en un escenario de estancamiento con inflación.

El problema de esta economía es que los salarios públicos, jubilaciones, pensiones y asignación universal por hijo se ajustan por inflación, esto implica que tenemos un presupuesto nacional indexado, ya que el conjunto de estas partidas representa el 70 por ciento del gasto público.

Si el 70 por ciento del gasto público sube al ritmo de la inflación, esto implica que los recursos deberían aumentar a un ritmo similar a la inflación. Como la política monetaria genera recesión, esto trae como consecuencia una recaudación que crece 10 por ciento debajo de la inflación. En conclusión, el gobierno debería bajar un 30 por ciento el gasto público que no sea pago de salarios, o incrementar los ingresos del Estado aplicando más impuestos a la economía.

Esto último ya se llevó adelante, con retenciones a todas las exportaciones, algo que generaría a futuro problemas severos en la producción agrícola, ya que, con precios extremadamente bajos e impuestos altos, la rentabilidad es muy baja, y presumimos que perderemos potencial exportador, ante la caída de rendimiento de los campos a raíz de menor inversión en tecnología para sembrar.

Con estos condicionantes sobre la mesa, los tenedores de bonos presumen que podrían tener severas dificultades para cobrar, y pasan a desprenderse de estos activos.

El gobierno no logra persuadir a los inversores que la Argentina podría recuperar su sendero de crecimiento a partir del año 2020, y que a futuro actividades exportadoras como la agricultura, ganadería y la energía podrían sacar al país de la crisis.

Por las políticas que se llevan adelante en agricultura y ganadería, no parece que este gobierno conozca al campo y está haciendo muy poco por potenciar su producción. No hay crédito accesible, la presión tributaria es muy elevada, los riesgos climáticos crecen y los precios internacionales no ayudan. En materia energética, se apostó todo a Vaca Muerta, que por el momento es una ilusión, y llegaría a ser una realidad desde 2020 en adelante.

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