Economía

Clima de desánimo

Los inversores siguen desanimados, el riesgo país no baja de los 600 puntos, y el volumen en la bolsa es pequeño.

Domingo 18 de Noviembre de 2018

Los aumentos paritarios, el bono de fin de año y el pago del aguinaldo deberían generar un mayor movimiento comercial en diciembre. Los inversores siguen desanimados, el riesgo país no baja de los 600 puntos, y el volumen en la bolsa es pequeño. Las materias primas bajan y el clima no acompaña.

El gobierno recibió noticias muy negativas desde el exterior: dos calificadoras internacionales le bajaron la nota. Sumado a esto, las materias primas comenzaron un escenario bajista, y la guerra comercial entre China y Estados Unidos sigue haciendo estragos, con aranceles cruzados y baja del comercio internacional.

En el plano interno, lo más destacado pasa por un decreto del gobierno que obliga a los empresarios a entregar un bono de $ 5.000 a los empleados. El propio gobierno entregará uno similar a los empleados de la administración pública nacional, y otro especial de fin de año para todas las prestaciones sociales que realiza. Hace un mes, el gobierno no sabía cómo cerrar el año fiscal con un déficit equivalente al 2,7 por ciento del PBI, y ahora le sobra dinero para regar al mercado, que hasta ahora, no digiere el conjunto de estas medidas.

Lejos de lo esperado por la mayoría de los analistas, noviembre transcurre con un bajo volumen de negocios para bonos y acciones. El riesgo país ha subido y las acciones bajaron.

El ojo en una cosecha incierta

La incertidumbre del mercado es que los negocios en Argentina no lucen sustentables de cara a 2019. El gobierno pone mucho énfasis en una recuperación económica que se daría a partir del segundo trimestre, gracias a la cosecha que vamos a tener. Hasta ahora, sólo llevamos sembrado trigo y maíz de primera. Las inclemencias climáticas hacen observar que ambas cosechas no serán cosechas récord.

El caso más cercano es el trigo, que tendría que comenzar a cosecharse a fin de mes y durante diciembre. Se esperaban 22 millones de toneladas, luego el gobierno corrigió la proyección a 20 millones, los privados auguraban 18 millones, y con las últimas lluvias las proyecciones podrían bajar a 17 millones de toneladas. Esto implica una brecha de u$s 1.000 millones entre las estimaciones previas, y lo que finalmente se puede recolectar en el campo.

Poner todas las expectativas en la próxima cosecha, es poner a toda la población a mirar el pronóstico climático a diario, es atarnos a una variable que no controlada para saber si seremos más o menos prósperos el año próximo.

El plan económico que lleva adelante Cambiemos no enamora a los inversores, genera una alta recesión económica, y no entusiasma a emprendedores que ven en la tasa de interés su principal enemigo.

El poder adquisitivo de los asalariados cayó notablemente, y probablemente los ajustes paritarios de noviembre, más el bono y el aguinaldo, le devuelvan algo de vida al mercado. Sin embargo, muchas empresas se la verán complicadas para cumplir con tantas obligaciones juntas, en un escenario de caída de ventas y mermas en las rentabilidades empresarias. Todo esto en un mercado del crédito ampliamente restrictivo. Lo más llamativo de la semana fueron las subas de tasas activas del Banco Nación, que se colocaron a niveles similares a los de bancos privados, un descuento de cheque te cuesta por encima del 80 por ciento anual.

Lo bueno en este escenario, es que el sistema financiero luce muy sólido, con depósitos a plazo fijo en pesos y dólares que siguen creciendo, una merma considerable en los préstamos otorgados y una mayor liquidez de la banca privada. En la medida que sigan subiendo los depósitos a plazo fijo, y no haya demanda de crédito, la recesión se profundizará, y en algún punto la tasa debería comenzar a ceder.

Si tratamos de proyectar la inflación para el año 2019, el presupuesto nacional augura una inflación del 35 por ciento anual. Supongamos que termina equivocándose en el análisis y la inflación futura es del 40 por ciento anual, tener hoy una tasa de corto plazo en el 65 por ciento anual, luce elevadísima, ya que estamos con interés real del 25 por ciento anual que es una verdadera locura.

Los plazos fijos por más de un millón de pesos pagan una tasa del 52 por ciento anual, mientras que por más de 20 millones de pesos se llegó a pagar el 57 por ciento anual. Con estos niveles, difícil que la inversión productiva diga presente.

Esta semana el petróleo mostró una baja considerable, pasó de niveles de u$s 77 el barril en los primeros días de octubre, a tocar un piso de u$s 55. Es probable que una serie de eventos internacionales como mayor oferta de Arabia y Rusia, la autorización a Irán para volver a vender al mercado, y la oferta de petróleo no convencional americano hayan generado esta caída, que en un corto período de tiempo luce extraordinaria. También parece extraordinaria la baja del tipo de cambio en Argentina, que pasó de cotizar por encima de 40 a ubicarse en torno de los $37. Sin embargo, la baja de estas dos variables no generó una caída de los combustibles en el ámbito doméstico. Esto agrava la situación de las economías regionales, que vieron caer el precio de sus materias primas y hoy mantienen un alto de costo de los combustibles para trasladarla a puerto.

El trigo a diciembre vale u$s 188, hace 3 meses atrás valía u$s 220 la tonelada. El maíz a cosecha vale u$s 140, hace 3 meses atrás valía u$s 170 la tonelada. La soja a cosecha vale u$s 240, hace 3 meses atrás valía u$s 285 la tonelada. Estamos sufriendo un efecto pobreza por el lado de los precios, y las cantidades, es el peor escenario que un productor puede enfrentar. Ni hablar del precio de la leche, los caminos destrozados sin poder entregar mercadería, y la ganadería que sólo es rentable para la exportación, ya que para el consumo interno los precios son muy bajos.

Conclusión

El gobierno se prepara para el G20, y los argentinos para un diciembre que tendrá más dinero en la calle y le permitirá revancha a muchos comercios que vieron una importante merma en las ventas. Los inversores siguen esperando la suba de acciones y bonos, sin volumen no es posible la fiesta.

El gobierno no da buenas señales para los mercados, más medidas populistas, y pocas medidas que aseguren un buen futuro para la producción. Si a esto le sumamos que el clima se vuelve a poner hostil, no parece que 2019 sea un año de crecimiento. En los años electorales, las carteras de los inversores tienden a dolarizarse, por allí, para los que tienen un excedente comprar bonos en dólares es buen negocio a mediano y largo plazo.

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