El freno a los salarios y el dólar quieto fueron claves para sostener la desaceleración inflacionaria de junio. Así lo señaló el economista Fabián Amico, director del Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET), quien advirtió que el gobierno convirtió a las paritarias en una de las principales herramientas para sostener la estabilidad de los precios, aun cuando eso implique demorar la reactivación del consumo.
El gobierno celebró la perforacion del piso del 2% en la tasa de inflación. Amico atribuyó esta desaceleración principalmente a la apreciación del tipo de cambio, que ayudó a moderar el costo de los alimentos. A eso se sumó el control sobre las tarifas de los servicios públicos. Sin embargo, “la desaceleración inflacionaria no es homogénea entre todos los componentes de la economía”, dijo.
Es que los precios regulados, como transporte, salud y educación, continúan subiendo por encima del promedio general.
El ancla salarial
De todos modos, para Amico el dato más relevante no pasa por el índice de precios sino por la evolución de los ingresos. “El punto importante es qué ocurre con los salarios”, sostuvo en declaraciones al programa radial La Banda Cambiaria.
Amico consideró que la intervención oficial en la negociación del sector mercantil constituye una señal clara de la estrategia económica. Según explicó, el Ejecutivo busca que los aumentos salariales se ubiquen por debajo de los acuerdos originalmente alcanzados entre sindicatos y empresas, tomando como referencia incrementos cercanos al 1,9%.
“La intención del gobierno es que los salarios ajusten a la baja. Si baja la inflación, pero también baja el ajuste de mi salario, me quedo igual o incluso peor que antes”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que el Ejecutivo necesita convertir al salario en el principal “ancla” de la inflación para alinearlo con la política cambiaria.
Actividad en baja
La estrategia, advirtió,tiene un límite claro: la actividad económica. A su entender, resulta muy difícil que el consumo se recupere si los salarios reales permanecen estancados. Incluso advirtió que la capacidad de las familias para acceder al crédito depende directamente de una mejora sostenida de sus ingresos.
Para el economista, el gobierno deposita todas sus expectativas en que la baja de la inflación genere por sí sola una mejora en la economía, aunque considera que esa hipótesis difícilmente se concrete si el poder adquisitivo continúa deteriorado.
A eso suma la continuidad del ajuste fiscal y la reducción del gasto público, factores que, según sostuvo, también restan dinamismo a la demanda interna.
“Están poniendo todos los cañones en controlar el tipo de cambio porque si el dólar se despierta antes del proceso electoral, el gobierno se queda sin nada: ni baja de inflación ni actividad”, resumió. Consideró que es posible contenerlo durante las próximas semanas pero estimó que, a medida que avance el calendario electoral, aumentarán las presiones dolarizadoras. En ese contexto, sostuvo que la principal incógnita será qué herramientas tendrá el Ejecutivo para sostener el actual esquema cambiario si aumenta la demanda de divisas.