Cultura y Libros

Landscape

Él cree que puede ir hasta allá porque está pensando en ella.

Domingo 12 de Agosto de 2018

Él cree que puede ir hasta allá porque está pensando en ella. Él cree que el pensamiento de ella puede llevarlo hasta el campo, a Pueblo Esther, aunque sea a contramano del cine El Cairo, y aunque haga frío y quede lejos y se haga de noche y sea invierno. Él cree que puede ir hasta allá porque está pensando en ella y eso a menudo se combina con la necesidad de ver el paisaje de la música de John Cage. El piano de Landscape que ilustra un recodo del camino de Pueblo Esther, pero no de ahora, sino un resuello que había en una curva en 1948 cuando Cage lo compuso, y ellos, no solo no habían nacido sino que ni siquiera eran el proyecto de sus padres.

Y ellos (ella también), suelen tener una lógica parecida a la de los personajes de Bolaño, que cuando tienen que ir a alguna parte, siempre van al revés. Como si para ir hacia arriba hubiera que empezar por abajo, y para cada punto cardinal, comenzar por el opuesto. La madre de él siempre contaba anécdotas de su abuela, de cuando vivían en el campo y pedía aventones al revés. Que los que iban a Buenos Aires la llevaran a San Genaro y que los que iban a Córdoba la llevaran a Baradero.

Él recuerda que una vez enamoró a una mujer leyéndole en el tren. Era en otro país y en otro tiempo que había trenes y libros. El placer de ella fue dormirse y el de él, verla dormir. Y también recuerda que cuando la mujer se despertó y se puso a contar sus sueños, él prestaba atención a ver si aparecía en ellos. Con el tiempo, ninguno de los dos podía dormir y la deriva de la pareja fue la más corriente: pasaron del melodrama de decir "no vengas también en mis sueños", a decir, "de pequeños olvidos se hace el olvido, y de pequeños recuerdos, otra memoria".

Esta tarde hace mucho frío, y camino a la curva de Cage, en Pueblo Esther, hay un cementerio, la resolana es débil como el adagio disonante, que sin embargo, tras un rato, vuelve a la melodía principal como el auto sobre el camino solitario.

Él mira el reloj, piensa si llegará al cine por la película de Cantet y además, sabe que cuando llegue al parador de la ruta, deberá leer otro capítulo de Byung sobre el aroma del tiempo y deberá practicar el ejercicio: la demora del tiempo sucesivo, la duración en la que insiste el filósofo, el trance de Alan Pauls en una lectura sin interferencias, el celular en modo avión y adelante, el paisaje infinito que Dahlmann vio desde el tren.

Sin embargo, él sabe que ninguna de esas cosas lo lleva. Él sabe que sólo puede ir hasta allá porque está pensando en ella.

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