Cultura y Libros

La desolación luminosa

En los veintisiete cuentos que integran su libro La letra inesperada, el psicoanalista Rubén Leva ―reciente ganador del concurso Alma Maritano― expone una prosa sólida, al servicio de historias que tienen como inevitable trasfondo la Argentina de la derrota y la utopía

Domingo 02 de Septiembre de 2018

El amor es la injusticia, dijo Albert Camus, y la frase, bandera de militancia social e histórica desde los años 50 en adelante, bien podría ser el manifiesto de sentido de estos cuentos de Rubén Leva, así como otros pensamientos del sartreano La náusea, uno de los libros de cabecera del autor, intertexto generacional y marca de estilo, formal, en una prosa que siempre hablará de la angustia, del sentido, la dignidad y el dolor de vivir.


La letra inesperada son veintisiete cuentos de Rubén Leva, último ganador del Concurso Municipal Alma Maritano 2017, nuevo título de la editorial Los Libros de la Calle Inclinada, y que, paradójicamente, no tienen nada inesperado, improvisado o espontáneo. Como una palabra esperada, ha sido construida con premeditación, claridad y solidez de estilo, tanto en su tema como en su lenguaje. La construcción verbal de Leva muestra nítidas las claves de la fundación modernista de la literatura: Poe y Dostoievski, su artificio, su astucia, su lírica y su extrañeza. Y desde allí, uno a uno, estos relatos van cumpliendo su cuenta con la tradición, desde la fatalidad de Lugones a la angustia de Quiroga, la crueldad y locura de Arlt, la prepotencia de su lengua, pero también el coraje de Walsh y hasta el juego diabólico de la psique de Cortázar o la maldición de haber sobrevivido y tener que contarlo o recordarlo como en Abelardo Castillo o Liliana Heker.

El libro, como se dijo, tiene veintisiete relatos, que si bien y claramente tienen un solo estilo, presentan matices formales y semánticos que nos permiten hablar de dos grupos de cuentos. La mayoría, son el relato modernista negro, social, policial (Leva maneja con maestría la estructura aristotélica, la teoría de las dos historias paralelas ―la superficial y la subyacente― y los conceptos de misterio, enigma y secreto), donde el artefacto será entretenido y trepidante pero jamás un juego de alienación sino una ficción que construirá una alegoría social y política. Aunque sucedan los hechos adentro de una obra en construcción y entre dos niños cualesquiera, habrá el eco claro de una desigualdad, de una injusticia que viene de un poder económico o de una dictadura, pero nunca como un panfleto, o una diatriba obvia, sino como una elegía. En este grupo de cuentos hay varios memorables, El anillo (ganador del Concurso Alma Maritano), Un héroe doméstico, La parrillada, Laura, Chatarra, La campera de gamuza, Un trozo de jabón y La piel del invierno.

Otro grupo de relatos deja trabajar el absurdo, lo onírico o un refuerzo de lo fantástico que construye una escena donde el delirio habilita el humor, una fantasía más blanda, hasta costumbrista, como si improvisara sobre la base de la melodía utópica a la que volverá inexorablemente. Estos cuentos recuerdan con claridad la fuente de Felisberto Hernández, del propio Macedonio o más acá, un guiño a Osvaldo Soriano. De este grupo son La nariz, El tío volador, Yo amé tanto a Mariana, Cocodrilo dormido, Yo que nunca tuve miedo, Lindo el Petaurí, Lo importante es competir y No sabés la que se viene.

Y aparte, hay un relato que merece destacarse pues se acerca a una nouvelle, está concebido de esa manera, con gran eficacia técnica y belleza: es el cuento El peor de los sordos, donde se construye una especie de historia total en la que hay otro relato dentro del principal (Algunos fragmentos), como un texto aluvional, barthiano, acumulador y donde está la característica esencial de la novela: hacer prevalecer el destino del sujeto, del personaje, a la historia misma o a los hechos.

Leva es un reconocido profesional psicoanalista, de vasta trayectoria en grupos de estudio de dicha disciplina y partícipe durante muchos años de tres talleres literarios emblemáticos de Rosario, el de Alma Maritano, el de Andrea Ocampo y el de que firma esta nota. Además, ha ganado varios concursos literarios con estos relatos. Cito estas experiencias objetivas, porque de todo ese estudio, trabajo y militancia ha salido su oficio de escritor y este libro, que ya era hora, fuera un cuerpo para los lectores.

Hay algo desolador y luminoso que recorre casi todos estos relatos, en varios de modo explícito, y en todos, de modo alegórico: la Argentina de la derrota, de la utopía, el espejo tenaz de los hermosos perdedores, los vencidos de la náusea sartreana que nunca se rinden, y que son capaces (gran mérito de Leva), de hacer una metáfora con los despojos. Y esto es tanto de sentido como de forma. La prosa de Leva tiene un registro tan amplio que puede derivar de la aspereza al artificio, del tropo al sintagma disruptivo, del lenguaje a la lengua franca, y todo al servicio del drama del hombre común o de una nación: haber soñado, haber sabido y haber sido derrotados por la injusticia, de la que solo el amor y la escritura pueden hacer memoria, como en estos relatos.


En sociedad

La presentación de La letra inesperada, de Rubén Leva, será el próximo viernes 7 de septiembre en la librería Homo Sapiens, Sarmiento 829. Estará a cargo de los escritores Marcelo Scalona y Luisina Bourband.

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