Cultura y Libros

Flores que brotan de las piedras

En Cuerpos naturalizados, Carlos Descarga da sólidas pruebas de que el despojamiento estético no necesariamente se encuentra vinculado con la frialdad.

Domingo 16 de Agosto de 2020

“Atrapa algo interesante de mirar, atrapa algo interesante de oír y no sueltes lo que atrapaste. Que no haya ideas sino en las cosas. La metáfora para reconciliar a la gente con las piedras. Saxífraga es mi flor que agrieta las rocas”. Bajo esa especie de canción o máxima poética de William Carlos Williams, uno de los máximos poetas imaginistas y objetivistas del siglo XX, está escrito Cuerpos naturalizados, de Carlos Descarga, que también ha publicado Comida china, a dos manos con Verónica Laurino, y Ejercicios para la dificultad, siempre en Alción.

En Descarga, la experiencia lingüística es el puro rigor con el cual enfrenta el objeto, el hecho o el sujeto, con una observación pura sin demasiadas cargas a priori, ni catárticas ni ideológicas, haciendo el esfuerzo mayor para que las cosas o los hechos sean los que hablen y que las ideas fluyan del objeto y del lenguaje. En cualquier poema del libro se puede describir ese procedimiento, y sólo por demostrarlo cito una serie formidable: Voces, Calcáreo, El médico pregunta, Hospital Español, donde se produce una síntesis o simbiosis entre el tipo de piso del hospital o sus ruidos o sus medicinas y lo que allí sucede. Otro maestro del estilo, Robert Creeley, diría “la forma es una extensión del contenido”. Y eso sucede en todos los poemas, donde cualquier mínima dislocación cotidiana tiene su reverso, apenas luminoso, pero sólido. El famoso suave desaliento chejoviano, capaz de describir el derrumbe de todo un país o una época con la foto mínima de la ruina de una pequeña tienda del barrio (Cicatriz en el…).

Son poemas descriptivos, pequeños informes, que sin embargo, como pide Williams en Una especie de canción, no clausuran la mirada sentimental y permiten ese desahogo: reconciliar la metáfora con las piedras y que la palabra aceche como una serpiente en la maleza. Sabemos que algunos colegas han llevado esa reticencia del objetivismo al extremo de que el poema parezca un prospecto médico o un artículo de la ley orgánica de los tribunales. Descarga no cae en esa trampa o moda de no ceder a sentir, a doler, de renunciar al lirismo, porque la poesía es una experiencia lírica de lo real (Rilke), una experiencia del lenguaje sobre lo real que sufre o ama.

El lenguaje del buen poeta no es una amenaza a lo real o su tergiversación, Descarga parece crear una especie de “realidad abandonada”, su magia es hacer visible, con un dolor suave y dulce (que recuerda tonos de Chéjov o Carver), esos lugares vacíos o instantes desolados a la luz de algún reflejo, como si pudiera presentar revelada la soledad en la multitud o el desgaste de la civilización en la aspereza de los bordes de todas las cosas.

Cuerpos naturalizados funciona como un breviario laico, como un Calveyra un poco más desollado, un álbum de pequeños artefactos que uno lleva encima para volver a repasar: un sonido, una idea o una cosa, porque las flores de Descarga, como las de Williams, son saxífragas, brotan de la piedra.

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