Cultura y Libros

El gran escritor que intentó resolver un enigma inquietante

En La desaparición de Majorana, el siciliano Leonardo Sciascia narra con brillantez las peripecias que atravesó en su búsqueda de un científico desaparecido.

Domingo 12 de Enero de 2020

La desaparición del joven y genial físico italiano Ettore Majorana, a un año y medio de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, en circunstancias jamás aclaradas, sigue constituyendo un misterio. Las hipótesis son múltiples: ¿se arrojó a las aguas de la bahía de Nápoles y se ahogó?; ¿escapó a un país extranjero y cambió de identidad?; ¿se internó en un monasterio de clasura? Preguntas que aún hoy carecen de respuesta. Lo que sí puede asegurarse con un amplio grado de certeza es que Majorana —un hombre reservado y tímido, lindante con la misantropía— había comprendido antes que lo hicieran otros colegas el increíble poder destructor que escondían los minúsculos átomos. Y no son pocos quienes creen que prefirió abandonar su vida (de la manera que fuere) para no participar de la tragedia que inevitablemente sobrevendría. Sobre todo porque Majorana vivía —conviene no olvidarlo— en la sombría Italia de Benito Mussolini. En tan apetitoso tema hinca el diente uno de los grandes prosistas que dio la península en el siglo veinte (y no dio precisamente pocos): el siciliano Leonardo Sciascia (1921-1989).

La reedición de este libro por parte de Tusquets acaso esté vinculada (y tal vez, también de manera misteriosa) a la reciente publicación en nuestra lengua, con el sello de Adriana Hidalgo, de un breve y hondo texto de Giorgio Agamben, ¿Qué es real?, en el cual el filósofo avanza por el mismo camino que había abierto Sciascia.

Se trata, claro está, de dos magníficas obras de características distintas. Agamben pone su foco en el aspecto teórico y relee con agudeza un texto de Majorana; el autor de Todo modo, El caballero y la muerte, Las parroquias de Regalpetra y El mar del color del vino procede, en cambio, a una inquietante y exhaustiva investigación tras el rastro del físico que se esfumó en el aire, o bien se mezcló con el agua.

Los resultados de la pesquisa llevada adelante por el gran novelista no fueron fructíferos, pero dejaron como saldo este peculiar libro. En el intrincado camino que recorre, Sciascia dispara dardos dignos de su cosecha: "El ciudadano que nunca ha hecho nada contra la ley ni ha tenido que recurrir a ella por agravios de otros, el ciudadano que vive como si la policía existiera solo para cumplir trámites administrativos (...), si de pronto, por circunstancias de la vida, se ve obligado a apelar a ella, a necesitar la ley como institución, siente que lo acomete un desamparo, una impaciencia, una rabia muy grande, y tiende a pensar que la seguridad pública, en la medida en que existe, se debe más a lo esporádico de la tendencia del hombre a delinquir que a la eficiencia y la sagacidad de la policía. Es una impresión objetiva, que vale más o menos para todo tiempo y lugar".

Pese a los denodados esfuerzos de Sciascia, Majorana continúa su ruta a través del enigma. En el prólogo —brillante, por cierto—, Juan Forn abre una nueva hipótesis sobre su destino: que el desaparecido físico fue L'Omu Cani ("Hombre Perro"), un vagabundo que ayudaba a los jóvenes del municipio siciliano de Mazara del Vallo con las tareas de ciencias y un día fue hallado muerto por causas naturales. El Hombre Perro se ayudaba a caminar con un rústico bastón que tenía tallada la cifra "5.8.06".

Curiosamente, la fecha de nacimiento de Ettore Majorana es el 5 de agosto de 1906.

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