Cultura y Libros

Bisturí en mano, Beatriz Sarlo disecciona la estupidez mediática

En su último libro, La intimidad pública, la polémica ensayista posa su mirada sobre el universo de los "famosos" televisivos y deja al descubierto un paisaje atroz.

Domingo 09 de Septiembre de 2018

Alrededor nuestro, y en un lapso breve, todo ha cambiado demasiado rápido. El vértigo de la tecnología ha introducido profundas modificaciones en la cotidianidad humana. Ya nada es como fue, y lo que vendrá resulta indescifrable.

Uno de los rasgos más salientes del nuevo paisaje que nos rodea es, si se quiere definirlo con brutalidad, la desaparición de la intimidad. Son cada vez más aquellos que comparten por intermedio de las redes sociales cada mínimo detalle de sus vidas. En tal gesto no hay, claro está, ruptura alguna: aquellos que representan el modelo deseable, los "famosos", hacen exactamente lo mismo, si bien las pantallas que los reflejan tienen muy superior alcance.

Con La intimidad pública, recientemente publicado por Seix Barral, reaparece en escena una de las ensayistas argentinas más agudas y lúcidas, aunque en los últimos tiempos se haya enamorado en exceso de un cuestionable rol de opinator política. Pero a Beatriz Sarlo, se esté o no de acuerdo con su pensamiento, resulta difícil negarle méritos a la hora de radiografiar la sociedad que nos rodea.

En este último trabajo expone con ferocidad el universo de los "mediáticos", monarcas de la banalidad, campeones de lo efímero. Sarlo los define con exactitud: "Su estatuto público no se sostiene en el mérito, sino en la proliferación". Muchos medios viven, literalmente, de difundir los hechos de sus insignificantes vidas. Nada los distingue sino la nada, pero allí están, omnipresentes, felices o infelices, en medio de un escándalo o un romance, exhibiendo el vacío que los sustenta con transparente obscenidad, consumidores que a su vez son consumidos en un círculo que se cierra sobre la evasión más pura.

Ellos ―los contemplados― son iguales a aquellos que los miran. Ese es su atractivo, por supuesto: especialistas del chisme, estas estrellas ciertamente fugaces colonizan la subjetividad popular. Sarlo analiza: "La intimidad pública no garantiza sucesos verdaderos, pero cumple al pie de la letra una mezcla que algunos califican de pornográfica: la confusión de deseos, pulsiones y necesidades, sintetizada en un nuevo mandato: «Debes desear... Debes ser deseable».

La maternidad mediática también cae bajo su filoso bisturí, así como el cuerpo femenino que se impone, justamente, bisturí de por medio: "Una estética que persigue lo flaco, pero también lo redondo". Así, flaco y redondo donde corresponde, por completo artificial, es el cuerpo que lucen las famosas.

El trasfondo de tanta superficialidad resulta trágico. Sarlo apela al español Manuel Cruz: "Prácticamente ha desaparecido de nuestro imaginario colectivo la idea de una praxis vinculadora a largo plazo, sustituida por el corto plazo más riguroso. Es esto, mucho más que la tan publicitada crisis de valores, lo que explica la desaparición de prácticas como la promesa, el compromiso o la lealtad: en la medida en que aspiraban a continuar el presente en el futuro, entrecruzaban ambos tiempos y generaban una continuidad temporal". Esta definición, tan certera como distante, da cuenta del desierto ético en que vivimos.

Nada de lo descripto es inocente: para su infinita reproducción, el sistema necesita individuos neutralizados por la estupidez mediática. Más allá de los chismes y los escándalos, del Polaco y Silvina Luna, de la Giménez, Tinelli o la Legrand la desigualdad crece, la esperanza de una sociedad más justa se esfuma. Mientras tanto, en las pantallas, todos bailan, incluida la política.

Debajo de la estupidez, vive una maldad insondable.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});