Continúa el conflicto en la Facultad de Humanidades y Artes y quiero referirme a la reflexión del 21 de mayo del profesor Rubén Chababo, titulada "Los odio, queridos estudiantes", no a su contenido sino al hecho de su publicación. Rubén Chababo y su familia vivieron por largos años en el departamento 1º de un viejo pasillo de la calle San Juan al 1900. En el departamento 5 del mismo pasillo nacieron mi madre y sus hermanos y vivieron y murieron mis abuelos. Durante mi infancia, todos los sábados mi hermana y yo acompañábamos a mi madre a visitar a nuestra familia. Unos pocos sábados compartí con Rubén algunos juegos y mantuve con él algunas charlas. Cuando llegaban las fiestas de fin de año la familia Chababo golpeaba las puertas del departamento 5 para decir: "Felicidades", y cuando mediaba septiembre mis abuelos me llevaban a desear lo mismo a la familia del departamento 1º, situación que tardé en comprender ("Por qué tengo que decir feliz año en septiembre", preguntaba). Después crecí y la vida social autónoma me llevó a discontinuar cada vez más las visitas al cálido universo de la calle San Juan: las familias que poblaban aquel pasillo, "chiquito", el perro de mis abuelos, la carnicería de José y Carmelo, la panadería árabe, etcétera. No recuerdo de qué hablabamos con Rubén las pocas veces que hablamos en nuestra infancia. Y nunca más volví a hablar con él de allí e. Solamente un saludo cada vez que nos cruzamos en la calle o en la facultad. Cuando fuimos estudiantes adherimos a espacios políticos diferentes. También cuando empezamos a desempeñarnos como docentes. Rubén fue consejero electo por una lista opositora a la gestión que yo integré y a la que adhiero. Y para agregar diferencias, Rubén debe estar orgulloso de ser judío y yo estoy orgulloso de mis abuelos árabes. Sin embargo hay una coincidencia que es evidente: no pertenecemos a la legión del odio. Quiero felicitar públicamente el coraje cívico de Rubén Chababo evidenciado en la publicación de la reflexión mencionada. Hacen falta gestos así para contribuir a enmendar el dañado tejido institucional de nuestra facultad.
































