Aunque no se sabe con certeza cuál fue el mes y día del histórico pesebre de Belén, ¿alguna vez nos hemos detenido a pensar qué cambiaría en el mundo si no existiera la Navidad? Quizás para algunos todo seguiría igual, pues no notarían ningún cambio por la falta de esta festividad. Otros lamentarían la pérdida de una ocasión de reencuentros, con amigos y seres queridos, saboreando el tradicional pavo, el chivito a la parrilla o el lechón, junto con chispeantes bebidas y ricos postres, sin faltar por supuesto, los turrones, las frutas y el brindis final con sidra y pan dulce. Pero si meditamos por un momento en el profundo significado que encierra esta recordación nos daríamos cuenta de que la falta de la Navidad en nuestro calendario sería lo peor que le podría haber pasado a la humanidad, porque en esta fecha se recuerda la llegada a este mundo de Jesús, en el histórico y humilde pesebre de Belén. El hecho cobra importancia superlativa, pues ese nacimiento en el pesebre era parte del cumplimiento de los planes de Dios para redimir a la humanidad, pues ese niño de Belén era Dios mismo que tomó nuestra naturaleza con el propósito de un día morir en la cruz del calvario por nuestros pecados para acercarnos con nuestro creador. Reflexionando sobre este hecho nos damos cuenta de que si no existiera Navidad, tampoco hubiera existido la historia de la cruz y nunca hubiéramos tenido la oportunidad de reconciliarnos con nuestro creador. Dice la Biblia: porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito (al Señor Jesús) para que todo aquel que en él crea, no se pierda más, tenga vida eterna.































