Cartas de lectores

Reflexiones sobre la grieta

Cuando pensé en escribir una breve reflexión sobre esta dicotomía en la sociedad argentina nominada grieta, comencé por buscar su definición en el diccionario.

Miércoles 06 de Junio de 2018

Cuando pensé en escribir una breve reflexión sobre esta dicotomía en la sociedad argentina nominada grieta, comencé por buscar su definición en el diccionario. En su etimología se menciona la palabra "estallar". Luego dice: "Abertura alargada y con muy poca separación entre sus bordes que se hace en la tierra o en un cuerpo sólido, generalmente de manera natural. Dificultad o desacuerdo que amenaza la solidez o unidad de algo".

Me pareció interesante que en su raíz esta palabra ya contenga el "estallar" como cuando nos referenciamos a ella y hablamos sobre la grieta que separa a los argentinos, sentimientos de valoración negativa estallan en nuestros corazones, estallido que provoca insultos, descalificaciones, argumentos de dudosa veracidad y violentas ofensas. Y ya adentrándome al significado de separación, metafóricamente también desde lo social y desde los orígenes de nuestra historia se ha expresado en antinomias irreconciliables: unitarios y federales, civilización y barbarie, oligarquía y clases populares, etc, a lo largo de todo nuestro territorio. Pareciera que para afirmar nuestra propia existencia hubiera una necesidad de excluir al diferente y desde esta percepción a lo largo de la historia de la humanidad y en especial la nuestra, menospreciar a todo aquel que adolece de los rasgos culturales de las clases dominantes. Inmersos en esta grieta del desacuerdo, hay un modelo de inclusión y un modelo de exclusión.

Civilización y barbarie reencarnan en el presente en la expresión de un discurso que estigmatiza al marginal, al piquetero, instalándose a través de los recursos mediáticos una imagen de peligrosidad social, reactivando representaciones clasistas y racistas. Muchos compatriotas son el resultado de una colonización cultural que forma parte de un proyecto político de las élites dominantes, de aquí que no me sorprendan las declaraciones sobre quienes pueden ir o no a la universidad. El análisis de esta dicotomía conlleva una gran complejidad. Retomo la definición de grieta donde se alude "al desacuerdo que amenaza la unidad" y la unidad es una construcción social donde "el otro" no sea mi enemigo sino un ser humano con quien puedo convivir más allá de las diferencias ideológicas.

Las batallas discursivas de las redes sociales me traen a la memoria un chiste de Quino de dos trogloditas que empiezan a discutir y a los que van sumándose más a un lado y otro, siempre diciendo que ellos son la voz del pueblo. En la penúltima viñeta todos sacan el garrote y dicen "¡Ja! ¡Ahora veremos quién ser más pueblo!". Y, por fin, en la última, aparecen unas ruinas y unos turistas que preguntan al guía: "¿Aquí que hubo?", y el guía responde: "Un pueblo"
Susana B. Müller


Estoy decepcionada de este, mi país

Estoy decepcionada de este, mi país. Es que me siento usada y abusada por un sinfín de gobernantes que han dejado a la Argentina en este estado vergonzoso. Somos un país bananero, un país donde un delincuente recupera su libertad en menos de una semana, y donde una madre destrozada lleva más de tres años esperando un poco de justicia por la muerte de un hijo.

Es este país donde los niños crecen en ámbitos tóxicos o en orfanatos, mientras familias honestas esperan un eterno trámite de adopción. Este es el país donde la justicia se proclama hacia uno de los progenitores de un niño, solo por su género, sin evaluar realmente el bienestar de la criatura. Expedientes que suben y bajan una y mil veces por un edificio "de justicia", eso en el mejor de los casos, si es que no han sido cajoneados. Señores, hoy tengo que decirles que me siento una verdadera estúpida que me he manejado en la vida de la manera más correcta posible, hoy veo con absoluta claridad que no me ha servido para nada.

Es más, veo como los seres más despreciables gozan de todos los privilegios mientras yo acá chiquita como una hormiga, sigo clamando justicia. Ya no siento ganas de trabajar, de tributar mis impuestos en un país donde los jueces trabajan en favor del delincuente. He perdido todas mis esperanzas y por favor no me hablen de Dios y su justicia divina.
Mariela Pilot


Los problemas de los que no se habla

La primera condición para no encontrarle salida a un problema es la negación. Y si negamos el fenómeno de las drogas y su consumo, va a ser muy difícil de erradicar, controlar y en el último de los casos, mitigar sus efectos negativos en la sociedad.

Y uno desde aquí, el llano, escucha hablar sobre aspectos muy puntuales que en la mayoría de las veces suenan a excusas para justificar su posición en el gobierno provincial o nacional o en la justicia,o en alguna fuerza de seguridad, y aquí también las opiniones son diferentes según su jurisdicción. Pero la historia es otra, y desde la calle, el ciudadano común ve otra realidad. La penetración del flagelo de las drogas y digo drogas y no estupefacientes porque esto último suena mejor pero acerca a la negación de llamar a las cosas graves con palabras más bellas. Me pregunto y les pregunto, ¿en tu familia no tienes un integrante que se drogue? ¿Conoces algún adicto que ya le esté robando a la familia para poder seguir consumiendo? Y aquí quiero hacer una gran salvedad basada en la libertad de acción y pensamiento que hacia Voltaire. Nunca sería mi intención avanzar sobre las libertades individuales, pero cuando la adicción traspasa ese límite y condiciona el accionar personal y acciona sobre el entorno, ahí se complica todo y nos incorpora al problema.

Aquí todos somos víctimas; los que queremos vivir tranquilos, los que deseamos una sociedad más responsable, los que consumen, los padres que no saben qué hacer con sus hijos enfermos, los que quieren cuidarse pero no encuentran lugar que los ayude, los que quieren ayudar y no saben cómo. Pero ¿se puede ser responsable bajos los efectos de una droga? ¿Podemos ser juiciosos? ¿Tenemos todos nuestros sentidos en alerta? ¿Y que pasa si me atiende un profesional, o un policía o un carnicero o un juez o un político o el panadero de la cuadra bajo los efectos de alguna droga, cualquiera, legal o ilegal; ¿Lo merecemos? ¿Es justo? Y el listado de profesiones o actividades da para incorporar a futbolistas, DJ, deportistas de muchas disciplinas, docentes, etc. etc. La idea no es hacer un listado, solo hacer comprender que la droga no solo camina los pasillos de las villas, porque las "legales" e "ilegales" atraviesan toda la sociedad y están en todos los sectores. No se trata de buscar culpables porque ya fue encontrada: Es la sociedad la que está enferma de drogas y de esa miopía selectiva que lava la conciencia mirando hacia otro lado para echarle la culpa al otro como en ese inolvidable monólogo del gran Tato. Se trata de buscar soluciones.

Según los que dicen que saben, las causas son muchas, algunas muy viejas y otras recientes, algunas personales, otras comunitarias, algunas culturales y otras médicas, etc. Entonces si sabemos que estamos transitando una sociedad drogadicta, si sabemos cuáles son las causas más importantes, si sabemos de dónde la traen o dónde la procesan; si sabemos tanto, ¿cuándo nos ponemos a trabajar en serio? Porque equivocarnos en el tratamiento es humano, pero la inacción es inhumana. Y la realidad me dice que el crecimiento exponencial no habla de malas acciones que es lo mismo que decir inacción. El "experimento uruguayo" ya está en marcha, otros países tienen otras propuestas. ¿Podremos los argentinos dejar de lado sectores, regiones, partidos, jurisdicciones y juntos entre todos hermanados, buscar alguna solución? Lo que si sabemos es que hasta ahora el zorro cuidó del gallinero.

Haremos un salto hacia la madurez dejando de lado los pantalones cortos y de cada sector proponer caminos sin imponer soluciones, solo caminos difíciles de transitar pero con un horizonte de mejor calidad de vida. Si no es posible, en lugar de "de eso no se habla", cambiaría el titulo por: "Saquémonos la careta".
Carlos Alberto Teglia
DNI 11.742.052


Libertad de prensa versus libertad de expresión

Libertad de prensa es el derecho de organizarse civilmente para crear y promover medios de difusión dentro de normas legales que establece el Estado, reconociendo que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática. Libertad de expresión resulta ser la posibilidad que se posee para expresar en dichos medios ideas y opiniones, dentro de normas que establecen los códigos de moral y respeto.

Resumiendo, poseer un medio de comunicación representa tener libertad de prensa pero comprender y ejercer la libertad de expresión haciendo honor a su poder, resulta algo totalmente distinto. Según John S. Mills: "La mayor libertad de expresión es necesaria para encajar los asuntos dentro de sus límites lógicos, evitando los límites de la vergüenza social". Ante esto, cualquier idea tendría la misma penetración en el mercado pero aquí entra a prevalecer el poder del que comunica. Mills no tuvo la posibilidad de comparar en aquella época la libertad de expresión con un mercado de confrontaciones y banalidades como el que hoy padecemos con resultados improductivos y vergonzosos.

Concluyendo que todas las ideas puedan ser publicadas, tendrá más penetración aquella que sea expuesta en los medios de mayor poder económico ocasionando la debilidad del mercado de ideas que representan la libertad de expresión. ¿Cómo logra el ciudadano saber si es verosímil lo que se expresa o si se persigue la verdad cuándo un medio está siempre en la crítica y en la opinión disidente? Mediante una simple deducción; saber percibir una existencia lógica en la persecución de la falsedad. Muchos medios de comunicación, tristemente banalizados y desvirtuados por la baja estatura de sus proponentes, inducen al error de consumir o creer en una sola idea, la que por su poder de comunicación se convierte en un dogma inútil o un perjuicio infundado, reflejando una clara e inescrupulosa complicidad comercial.

Mariano Moreno encabezaba su Gaceta diciendo: "Felices tiempos aquellos donde se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente". Luis del Olmo, periodista español en actual contraposición advierte: "Ser un empleado de un medio para contar solo la verdad del dueño en lugar de la tuya, es algo terrible".
Norberto Ibaldi

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario