En la sesión de marzo, la Asamblea del Año 1813, le confió al diputado Vicente López un himno o marcha patriótica. Hasta ese momento, ninguna había despertado el fervor deseado. En su casa paterna, se entregó a la honrosa obra, la inspiración no llegaba y lo hacía sentir abatido. A poco de cumplir 29 años, el sábado 8 de mayo, presenció la tragedia de Antonio y Cleopatra, en la Casa de Comedias, y en el segundo acto, según narró su nieto Lucio, henchido de inspiración y su corazón palpitante, se dirigió a escribir las estrofas que surgían de su mente y su corazón para volcarlas en papel en su casa paterna. El domingo leyó a sus íntimos amigos el borrador de las estrofas de su himno, quienes, emocionados sintieron lo que despertaría en el corazón de los argentinos la canción patria a través de los siglos, que lo inmortalizó. La Asamblea General Constituyente en mayo de 1813, decretó: “Aprobada por esta Asamblea General la canción que por comisión de este Soberano Cuerpo ha trabajado el diputado López, téngase por la única marcha nacional, debiendo, por lo mismo, ser la que se cante en todos los actos públicos. Por decreto soberano del 11 del corriente se ha ordenado que la siguiente canción sea en las Provincias Unidas la única Marcha Patriótica”. De la cual no existe manuscrito original. En un salón de la calle del Empedrado, actual calle Florida en Buenos Aires, en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, el poeta Estéban de Luca leyó ante la concurrencia el himno de López: “Oíd, mortales, el grito sagrado”. El maestro Parera se sentó al piano y ejecutó los primeros compases de acompañamiento de los versos. No hay registro oficial de encargo para la composición de la música. Que nuestra emoción, nuestro corazón y por qué no, nuestras lágrimas, sigan intactas al escuchar: Oíd mortales, el grito Sagrado, ¡Libertad, libertad, libertad”! Mariquita murió el 23 de octubre de 1868.































