Son tiempos difíciles para Rosario. La inseguridad y el narcotráfico han acorralado a la ciudad al límite de lo insospechado y los desafíos son tan grandes, que a veces parecen imposibles. Nada es imposible. Podemos aspirar a una ciudad pacífica y civilizada si todos nos ponemos de acuerdo: la clase política, la Justicia, las fuerzas policiales y los ciudadanos. Pero para que esto ocurra, tenemos que también recuperar la confianza entre unos y otros, de modo que podamos restablecer un sano vínculo que facilite el diálogo. Para esto último es fundamental la crítica constructiva, pero también el reconocimiento. En la madrugada del sábado pasado, en el macrocentro de la ciudad me robaron el estéreo del auto. Antes de que llegara a realizar la denuncia, los delincuentes fueron apresados por efectivos de la comisaría 4ª y el estéreo restituido. Quiero agradecer públicamente a los uniformados que cumplieron con los deberes de su función de modo rápido y eficiente, y al fiscal Ponce Asad, quien actuó con una celeridad inaudita, incluso en un feriado. También quiero aprovechar para poner este mínimo caso como ejemplo de lo bueno, entre tanta desesperanza. Necesitamos saber lo malo y criticar, pero también es justo y necesario hacer público lo bueno, porque lo que nos movilizará y unirá como sociedad hacia un futuro mejor es la esperanza, no el espanto. Muchas gracias.

























