Buenos Aires- El novio primero quería llegar a su fiesta de boda descolgándose junto a su consorte de unos arneses, luego pensó ingresar a caballo e incluso en elefante, por suerte había contratado a una “wedding planner” para solucionarlo.

Buenos Aires- El novio primero quería llegar a su fiesta de boda descolgándose junto a su consorte de unos arneses, luego pensó ingresar a caballo e incluso en elefante, por suerte había contratado a una “wedding planner” para solucionarlo.
Los detalles de esta “profesión”, como les gusta llamarla a quienes la ejercen, destinada a bajar el estrés prematrimonial y garantizar que no haya imprevistos en un momento “único” de la vida, forman parte de “Sí, Quiero! (A mi wedding planner)”, de reciente aparición, una investigación para Editorial Grijalbo de la periodista Cristina Mahne.
La autora se explaya sobre los pormenores de esta actividad, ejercida mayoritariamente por mujeres y que aún no halló su techo en Argentina, hace un análisis del negocio -que mueve millones-, da datos sobre costos y cuenta las anécdotas más insólitas.
En tono descontracturado y hasta en clave de comedia, Mahne desgrana lo más sabroso de las experiencias de más de 45 emprendedores dedicados a un metier principalmente dirigido al exclusivo segmento de las clases media alta y alta, aunque también existe el servicio para presupuestos más modestos.
Si se tiene en cuenta que un casamiento para 150 invitados puede tener un costo mínimo de 100 mil pesos y que en el país hay anualmente unas 90.000 bodas al año, de las cuales alrededor de 40 mil corresponden al exclusivo segmento ABC1, es fácil deducir que la cifras que mueve la industria se cuenta en millones.
Luego, la ecuación sobre lo que embolsan las “wedding planners” es sencilla: sus comisiones van del 8 por ciento sobre el gasto total de la fiesta a, aproximadamente, el 20 por ciento.
La investigación de Mahne da espacio también a las historias curiosas de las bodas, bizarras a veces, tanto de desconocidos más o menos adinerados, como de famosos, más o menos glamorosos.
Así, al futbolista Fernando Cavenaghi se le ocurrió ingresar a su boda con 450 invitados pedaleando en una bicicleta con sidecar, en el que transportaba a su novia y, hace ya mucho, el actor y hoy directivo de Canal 13 Pablo Codevilla “vendió” su casamiento a la TV porque “no tenía un mango”.
En un tiempo más reciente, la vedette Ximena Capristo directamente contrató a dos productores de Canal 9 para que le organicen su casamiento, por mencionar algunas de las ocurrencias de los mediáticos a la hora de dar el sí.
“!Sí, Quiero!” también puede ser usado como manual para organizar la propia boda o para tener a mano abundante información que permita dar un paso seguro a la hora de contratar un planificador.
También desgrana datos históricos, cifras que mueven el negocio y, como dice Mahne, “las mejores ideas y lo que jamás se debe hacer si se pretende ser feliz hasta que la wedding planner indique que se acabó la fiesta”. (DyN)


