Cuando el gobierno nacional decide, a través de unamedida constitucionalmente legítima, aplicar los derechos de exportación, mal denominadas retenciones, los productores responden con un lockout. No lo llamemos paro porque las cosechadoras continuaron trabajando. Se denominan grandilocuentemente como "el campo", ignorando a miles de reales pequeños productores, horticultores y criadores de animales, a los que ellos mismos desalojaron de sus tierras en pos de la expansión sojera. Con violencia e intimidaciones, de las que dan cuenta el Mocase santiagueño o el Mocafor de Formosa. Se han convertido en los voceros de las grandes corporaciones transnacionales, no les interesan ni los subsidios, ni la polìtica de carnes, de trigo o cualquiera de las propuestas que pueda realizar el gobierno. Sólo pretenden mantener una altísima rentabilidad y seguir manejando el comercio exterior. Hoy resulta impensable un golpe militar, pero se juegan los mismos intereses con el inapreciable aporte de aquellos medios de comunicación que no son independientes al estar asociados con las empresas agrobusines en Expoagro. El problema no son las retenciones, lo que está en debate es el modelo de producción y distribución de la riqueza. Buena parte de la dirigencia -que tiene la consistencia de un flan- corre genuflexa a ofrecer sus disculpas a los representantes de las empresas transnacionales; ya sea por ser dueños de tierras, por aprovechar la coyuntura para operar contra el oficialismo, o porque en realidad no comparten los principios de justicia social que proclaman en discursos mientras se sienten más cómodos con las polìticas de los noventa. Con la escarapela y la bandera el 25 de Mayo volverán con el discurso que son la Patria, como los militares del 30, el 55 y el 76. Se arrogan la representación del pueblo olvidando que en democracia la representación deviene de los votos que es donde se expresa la soberanía popular. Tendremos que ganar las calles aquellos y aquellas que pensamos que la Patria somos todos, aun los que no tenemos soja ni una maceta. No son tiempos de indiferencia, nos encontramos en Argentina y en América latina frente a una bisagra histórica, avanzamos hacia una sociedad más equitativa o volverán a robarnos el sueño de la América morena.

































