Dos notas motivan la presente: una publicada en este diario el 2 de octubre informando que la joven María Cecilia Quaglino, militante medioambiental rosarina, representará a la Argentina en la 16ª Cumbre Internacional de la ONU por el cambio climático a realizarse a fines de octubre en Glasgow. La otra, una antología televisiva de Quino ilustrada con la imagen de Mafalda tomándole con un termómetro la fiebre a un globo terráqueo. No había texto, no hacía falta, pero recordé el dicho popular: “El que se calienta, pierde”. Ambas notas tenían como protagonistas a dos chicas y percibí que afortunadamente pertenecen a una generación que no está en la tontería, pensé también en la nena sueca Greta Thunberg, que ya a los ocho años alzó su voz contra el calentamiento global, De pronto vinieron a mi memoria los dichos de algunos jefes de Estado y la de aquel insensato que comentó: “El calentamiento global no existe, y si talamos bosques es para el desarrollo de la industria maderera”. Como en una visión apocalíptica vi desfilar los incendios y volcanes, la bajante del Paraná, la destrucción de la Amazonia y la forma irracional en que producimos energía quemando carbón y fósiles. Por fortuna, pareciera que ahora estamos asistiendo a una reacción de quienes aún conservan una elogiable conciencia social. Vemos que los programas escolares tienen una visión ecológica más comprometida con el medio ambiente traducida en las actitudes de muchos jóvenes que se rebelan contra gobiernos miopes, contra la apatía de legisladores y la lentitud de medidas concretas para cuidar el planeta. Estos chicos me han vuelto la esperanza en el destino de la humanidad, sus militancias son ejemplos porque ven el futuro con mayor claridad que nosotros. Recordemos por último que cuando el motor del auto se calienta, se enciende la alarma y paramos de inmediato, sin embargo pareciera que no observamos las luces rojas que parpadean en nuestra nave.























